sábado, 26 de enero de 2013

Para hacerla corta.




No siempre decimos las cosas tal cual son. Por lo general resumimos todo en un enunciado general que suena bien pero que oculta el verdadero devenir de las cosas.

Vamos a ilustrarlo con un ejemplo, para que quede más claro:


Te cuento que empecé a hacer vida sana. Es decir:

  • Compre productos light.
  • Llené la heladera de frutas y verduras.
  • Dejé de comprar gaseosas.
  • Dejé de comprar facturas y pan.
  • Dejé de comprar carne grasosa.
  • Me compré una balanza para medir lo que cocino y como.
  • Me compré un medidor de líquidos y sólidos.
  • Me compré zapatillas para correr.
  • Me compré remeras para correr.
  • Me compré shorts para correr.
  • Tomo como 3 litros de agua por día.
  • Me la paso yendo al baño.
  • No me gusta lo que como.
  • Me hincha las pelotas estar midiendo, pesando y calculando para cocinar.
  • Idem para comer.
  • Extraño una buena hamburguesa/milanesa/guiso.
  • Corro 15 metros y se me sale el corazón por la boca.
  • Termino el día con hambre, cansado y me duele todo el cuerpo.
  • Estoy de mal humor, insufrible y todo me cae mal.
  • Se me empezaron a pudrir las frutas y verduras en la heladera.
  • No me preocupo. En realidad, me alegro.
  • Empiezo a rescatar teléfonos de delivery de pizzas y empanadas.
  • Tiro/regalo/dono/vendo todo lo que tenga que ver con la dieta y el ejercicio.


Para hacerla corta: empecé a hacer vida sana.

jueves, 3 de enero de 2013

La falacia de la vida sana.



Estamos rodeados. No hay nada que podamos hacer.

Miren alrededor y podrán confirmar que no tenemos opción. De a poco están haciendo caer los últimos bastiones que aún nos quedan a los cultores del exceso y la vida “low bat”.

Comida? Debe ser sana, light y medida. Bebida? No exageres: 1 vaso (2 a lo sumo!) y listo. Sexo? Bien, gracias. Descanso y relax? Vade retro, Satanás! Pensar en una buena siesta o en un fin de semana dedicado a la fiaca es, hoy por hoy, lo más cercano a la apostasía.

Qué nos queda? Cuál es el último refugio del sibarita? (Aclaración: por “sibarita” me refiero a “gordo que le gusta comer rico y abundante”).

Las huestes de la vida sana, sacaron a los alimentos reales de las góndolas de los otrora ricos en hidratos supermercados e inundaron nuestras vidas con ideas subversivas (como llevar las verduras a la categoría de plato principal cuando todos sabemos que sólo son una mera guarnición, un adorno en el plato). No contentos con eso, han reclutado como agentes de control y  difusión a nuestras mujeres, quienes al grito de “No te parece que es suficiente?” tiran por tierra esos sublimes momentos dedicados a la cata continua e ininterrumpida de manjares reales.

Hace un tiempo se me ocurrió cuestionar el concepto de “somos lo que comemos”, no por el concepto en sí, sino por la teoría subyacente que considera que es mejor ser una berenjena que un chivito. Los comentarios que recibí me demostraron claramente que el exceso de vegetarianismo provoca incremento de la agresividad interpersonal.

Por otra parte, creo que llegó el momento de echar por tierra la teoría de que “salir a correr es bueno para la salud”. Créanme: yo lo intenté varias veces y nunca me sentí peor que después de correr algunas cuadras. Por otra parte, el arquetipo de los corredores son los maratonistas. Ahora, alguien vio a los campeones de maratón? Les da la imagen de una persona sana? Uno no sabe si darles la medalla o un suero.

La verdad es que no tengo nada en contra de los promotores de la vida sana e insulsa. Lo único que les pido es que no me comparen una buena parrillada con una ensalada completa.

Y para los que sigan insistiendo, tengo sólo un comentario: los Rolling Stones están vivos. Si eso no derrumba todas sus teorías, no tengo más nada que decir.