lunes, 8 de octubre de 2012

Los 11 pasos




Al principio te da un poco de vergüenza. Vos sabés que te tenés que parar y presentarte delante de un montón de desconocidos y contar “Hola, soy Fulano y tengo un problema…”.

Es el esquema básico de todos los grupos de ayuda mutua. Y los componentes marginales no varían: el saludo de todo el grupo, las miradas entre comprensivas y compasivas que a esta altura no sabés si te hacen sentir mejo o peor, y las caras que traducen a lo gestual el apócope de “Ya hemos estado allí…” Están todos estos componentes y alguno más que en este momento no recuerdo.

Uno, que desde la teoría ya conoce cómo son las cosas, se siente inhibido por tener que experimentarlo en primera persona. Si cuando me pasó por primera vez hubiera sabido que existían estos grupos…
Pero la realidad es así y no vale la pena pensar en lo “hubiera o hubiese podido pasar si…” porque esto es lo que pasa y lo que hay que solucionar ahora.

Ya es mi segunda recaída. A 2 años de la recuperación volví a caer y salí, como la primera vez, por mi cuenta. En ese momento creí haberme recuperado totalmente. Iluso! No sólo que volví a caer sino que lo hice a conciencia. Y esta es la tercera.

Es que, al salir, uno minimiza lo que pasó. Las frases-excusa son siempre las mismas “No, yo lo manejo bien”; “No fue tanto tiempo”; “Igual, en el trabajo y en lo social, ni se me nota” y tantas otras conocidas y repetidas hasta el cansancio.

Claro que ahora, encontrar el camino de la recuperación es más difícil. Pasaron muchos años desde la vez anterior y todo (todo!) me cuesta ahora un poco más.

Por eso tuve que buscar ayuda externa y lo del grupo me pareció lo más adecuado. Asi fue como llegué a este lugar “Cólicos anónimos, si tu bebé no te deja dormir, vení con nosotros. Ya hemos estado allí. Y algunos todavía estamos”

Dedicado, con amor y sueño, a mis 3 hijos, que cada uno en su momento me hicieron conocer el verdadero significado del cansancio (en especial a mi 3er. hijo que hoy cumple 2 meses y en estos precisos días me hace transitar por las oscuras calles de la constante somnolencia). Pero sobre todo, se lo dedico a mi mujer, con la que el tránsito por esas oscuras cales se hace mucho, pero mucho más divertido.

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