martes, 22 de mayo de 2012

Terapia de pareja




A lo largo de la vida todos fuimos testigos de la traumática situación de una pareja que se separa. Las separaciones suelen producir efectos profundos en quienes  quedan en el medio. Aquellos cuyas vidas, cercanas a la pareja en cuestión, se ven afectados directamente por la separación.

Yo he sido (y soy), víctima directa y damnificado de incontables separaciones que afectaron mi vida.

Cual hijo rehén de padres divorciados y contenciosos, sufro constantemente la separación más difícil de sobrellevar: los divorcios de mis medias.

Al abrir el cajón y descubrir que una de mis medias ha hecho abandono de hogar, siento un vacío que no sólo me produce una tristeza inconmensurable sino que, además, me obliga a replantear mi vestimenta.

Instantáneamente surge la pregunta ¿Por qué? ¿En qué fallé? ¿Fue por mi culpa? ¿Me seguirá queriendo?

Por otra parte: ¿Qué situación tan terrible pueden vivir las medias para que, de buenas a primeras, una de ellas decida irse? Y encima sin avisar ni despedirse…

Aquí surge el dilema: ¿qué hago con la media que quedó suelta? ¿Hay grupos 
de solos y solas para medias? ¿Tiene alguna posibilidad de rehacer su vida o estará condenada al eterno ostracismo de las medias separadas?

Me resulta muy triste que hoy, viviendo en una sociedad tan inclusiva y de mentalidad tan abierta, no les demos el lugar que se merecen. Si las familias no tradicionales son cada vez más frecuente, ¿por qué no estamos dispuestos a aceptar “pares de medias no tradicionales"? ¿Eh?

Dejemos de ser los hijos maltratados y abandonados. Dejemos de lado la queja constante, abandonemos nuestros prejuicios y permitamos a nuestras medias un nuevo renacer. 

Propongo, como medida reivindicatoria, que a partir de mañana reunamos las medias que han sido abandonadas por sus parejas y les elevemos su autoestima: armemos parejas donde la diversidad sea la norma y salgamos a la calle con una media azul y otra marrón, una roja y otra violeta… el cielo es límite!!