martes, 27 de marzo de 2012

Adiestramiento animal



Hace unos meses comenté acerca de mi enemistad declarada con el perro de la casa, enemistad que es mutua y creciente.

En el mismo post hablaba de la postura protectora que mi mujer adquiere para con mi Némesis canino.

Al día de hoy, no termino de entender por qué extraña razón dejar una toalla tirada en el baño merece una actitud reprobatoria mucho más enérgica que mear el sillón, la mesa del living y (en más de una oportunidad) MI almohada.

Finalmente y ante el fracaso de las técnicas intuitivas que nunca funcionaron, decidimos encarar el tema asesorándonos con una profesional en comportamiento animal. Encaramos un proceso coordinado de elevar la jerarquía, acompañado de acciones más directas: un reto, un buen golpe con un diario, refregar la trompa por el lugar del “evento” y con una orden enérgica, sacar al "transgresor" al patio por un rato ignorando sus protestas.

Para que la técnica tenga éxito, también mis hijos se tuvieron que acoplar al proceso participando activamente del adiestramiento.

Hoy, que ya pasaron unos meses, podemos decir que todo ha funcionado de maravillas. Claramente el adiestramiento ha rendido sus frutos.

El perro sigue meando donde se le ocurre, sobre todo en mi almohada, pero ahora, cada vez que dejo una toalla tirada no espero el reto: tomo el diario, me pego en la cabeza, refriego mi cara sobre la toalla y con la actitud sumisa adquirida en este período de adiestramiento, salgo solito al patio, cierro la puerta y espero que me den la orden de volver a entrar.

Mientras tanto, aprovecho para escribir esto.