miércoles, 21 de diciembre de 2011

El último que encienda la luz



Vamos a ser sinceros: Diciembre es una  mes donde la espiritualidad ambiente promedio es más alta que en otras épocas. Conjugan en este mes varias fiestas importantes: Navidad ,  Januca y Festivus. Esto sumado al fin de año, el creer que realmente el año que viene cambiaremos todo lo que hace largo tiempo venimos prometiendo modificar y la ilusión de sacarnos de encima los reveses del año que pasó nos hacen estar mejor predispuestos a dar y recibir buenos deseos.

No se cuantos de ustedes festejan Januca (pocos, supongo) pero ya que los deseos y el espíritu navideño son moneda corriente y están al alcance de todos, decidí acercar un poco de deseos y espíritu januqueño (aunque suene más a oriundo de un paraje andino que a espíritu festivo). 

Van mis 8 velas dedicadas:

1ra. Vela: a las situaciones que vivimos y nos ayudan a crecer. Hace tiempo comprendí que hasta lo que nos molesta y nos duele de alguna manera nos ayuda a crecer. Dicho en otras palabras: toda patada en el culo te impulsa necesariamente hacia adelante.

2da. Vela: para todos los que a través de una enseñanza, una idea, un consejo sano o una sugerencia me ayudaron a formarme. Empezando por mis padres y abuelos, mi hermana, docentes, amigos, colegas, jefes, referentes. Tuve la inmensa suerte de encontrarme con gente muy valiosa que, de una u otra manera, me iluminó. 

3ra Vela: va dedicada a todos los que creen sinceramente que se puede traer luz a este mundo desde el acuerdo, la inclusión y el respeto. Para todos los que viven según el principio de pluralidad, no sólo desde el discurso. Aquellos que descubren en el ejercicio de escuchar y comprender al otro, un complemento de su propio ser.

4ta. Vela: para los que comprenden la diferencia entre encender para llevar luz y quemar para destruir. Parece simple, pero los últimos días nos demostraron, una vez más, que es un poco más complejo de lo que parece.

5ta. Vela: para mis verdaderos amigos. Cada uno de ellos sabe por qué.

6ta. Vela: esta vela la dedico a los que entienden que llegar a un cargo voluntario y de honor no es un fin en sí mismo. Estas personas no abundan y lo sé por experiencia. Sobran los que usan y abusan de estos cargos vaciándolos de honor. Mis respetos a los pocos y determinados que lo hacen con respeto y vocación. A los otros… que les aproveche.

7ma. Vela: al querido, esencial siempre necesario y nunca bien ponderado sentido del humor. Porque no se puede vivir sin él y cada cosa que uno encare, si lo hace con humor, resulta mucho mejor. Pobre gente la que no se permite reírse de sí misma o de lo que hace.

8va. Vela: esta va para las tradiciones. Todas. Cada cual con la suya y todas aportando su parte para conformar esta trama humana de la que todos somos parte.

Queda una vela más. Es la vela que enciende a las otras. En mi caso, esta vela son mi mujer y mis hijos que me llenan de luz cada día y me enseñan a encontrar el brillo incluso en momentos que son o simplemente parecen oscuros. Gracias a ellos puedo celebrar esta fiesta de un modo que, más allá de milagros,  me enseña la importancia de saber recibir y aportar luz.

Se que me salió demasiado serio. No se preocupen, espero corregirlo para la próxima.

Saludos y felicidades para todos, crean en lo que crean. Los buenos deseos, si son sinceros, siempre suman.