martes, 2 de agosto de 2011

Época de cambios




Enfrentar el cambio no es fácil. Sobre todo si es uno mismo el que tiene que debe tomar la iniciativa. Un poco por comodidad, otro poco por la incertidumbre ante lo desconocido, ni siquiera lo intentamos.

Pero en algún momento debemos romper esa inercia natural que nos lleva a mantener el statu quo. Aquel que nos impide evolucionar y cambiar.

La verdad es que hay que encontrar el momento exacto para tomar el futuro en nuestras manos.

Debemos darle un corte a la rutina sin futuro. Valentía? Si, debemos recurrir a la tan postergada valentía y abordar ese cambio.

Después de todo, hablamos de nuestro futuro, de despegarnos del pasado que nos deja anquilosados e inmóviles.

Yo, una vez que llegué a la decisión, enfrenté los demonios que rodeaban el camino hacia la superación. Sabía que no podía confiar en nadie más y que tenía que ser yo quien tome la iniciativa.

El día señalado junté coraje y esperé que sea él quien abriera el diálogo. Lo repasé mil veces en la cabeza pero nadie me garantizaba que todo sea tal como yo lo había previsto.

Llegó el momento. El se acercaba con su modo tradicional sin percatarse de lo que se avecinaba. A decir verdad, lo más probable es que si lo hubiera sabido, tampoco le habría preocupado demasiado. Era más un tema mío, pero…

A mi el corazón me latía con una velocidad que pensé que se me salía por la boca. Traté de mantener la calma.

Me miró y con un modo que me pareció más acusador que inquisitivo, y como si fuera con falta de interés me dijo:

-Lo de siempre, mostro? Un cortado y 3 medias lunas?

-No, Tito. A partir de hoy traeme un te de hierbas y un par de tostadas.

Que lo parió! Como cuesta cambiar de hábitos.

4 comentarios:

  1. ¡Muy bueno! yo que me había puesto trascendente.....pero en fin, es aplicable a toda nuestra vida.....estoy en ello

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  2. Pero semilla! Cómo que "yo que me había puesto trascendente"? Hay algo más trascendente que dejar las medialunas??? Siento que una parte de mi me abandona...

    Saludos!!

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  3. jajajajja este retazo de realidad me recuerda mucho a mi pareja, que cada cambio que hago a la casa se le hace una montaña, por pequeña que sea.

    Está claro que el hombre es un animal de costumbres ;)

    Andrea.

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