viernes, 15 de julio de 2011

Reencuentros





Hoy, por razones que ustedes  sabrán entender, no escribo desde el humor. Confío en que les va a gustar.

Cuando se fue, de golpe y sin aviso, sentí la tristeza más profunda que jamás había vivido. 

A medida que pasaban los años y, aunque nunca lo olvidé, pensé que debería confiar exclusivamente en mi memoria para mantener su imagen junto a mí.

Me equivoqué.

Lo extraño es que lo volví a encontrar en el lugar y el momento más inesperado. Me tomó un rato reaccionar, más que nada por la sorpresa.

No lo puedo olvidar. Fue hace 8 años y a decir verdad, no estaba preparado. Estábamos a pocos días de un aniversario más de su muerte y en ese momento mi atención estaba en otro lado. 

Acababa de nacer mi primer hijo y como se imaginarán no podía pensar en otra cosa.

Yo, como clásico padre primerizo, estaba hipnotizado por  esa  responsabilidad con forma de persona que tenía en brazos (y que, para ser sinceros, me hacía alternar entre una inmensa alegría y un cagazo importante). No podía dejar de mirarlo.

Y ahí, justo en ese momento, lo vi: en los ojos de mi hijo, en su forma de mirarme, me reencontré con mi viejo. Reviví su mirada, sus abrazos y su voz. Recuperé un vínculo que estaba, hasta ese momento, limitado al ámbito de la memoria y al esfuerzo para que no desparezca. 

Supe, sin dudarlo, que iba a hacer todo lo posible para ganarme como padre la mirada que yo, como hijo, tenía para con mi viejo.

Desde ese momento sé que cuando quiero verlo, sólo tengo que mirar profundamente a mi hijo a los ojos y ahí está, recordándome cuántas cosas aprendí de él. Cosas que no supe o no entendí en su momento pero que son absolutamente claras hoy.


Gracias a vos, hjo, tuve por primera vez en muchos años, la posibilidad de reencontrarme con mi viejo, tu abuelo.



lunes, 11 de julio de 2011

Convicciones firmes




Hay una fauna deplorable en la vida democrática: la gente que esconde sus ideas y se acopla al festejo del eventual vencedor.

Son esos mismos que mutan en cultores del “yo no lo voté” cuando las cosas salen mal. Expertos en política cuyo libro de texto es el diario de mañana, deleznables personajes que representan la peor debilidad de la participación popular.

Es por eso que en época de elecciones es importante dejar clara la propia ideología y, para mal o para bien, defenderla con convicción.

En estos días previos a la elección del Domingo 10/7, me dediqué a escuchar, pensar, analizar y definir mi voto.

Así es que haciendo gala de la claridad de conceptos que nos caracteriza a los seguidores de Pino y su Proyecto Sur, no le aflojé al apoyo constante que nosotros, los Telermanistas de la primera hora, solemos darle a nuestro candidato, un tipo que sabe. No por nada la Estenssoro, igual que Lilita, contaba con mi voto incondicional, el mismo que siempre, como fiel seguidor de la UCR, le di a Zamora, manteniendo mis principios. Es por eso que estoy firme junto Frente de Izquierda y lo expreso apoyando a Castrilli. Créanme que estoy dispuesto a sostenerlo a cara de perro, como mi candidato preferido: Lopez Murphy, al que apoyo casi con tanta vehemencia como al  querido Todesca, eterno candidato del MID.

Y asi fue como con profunda y meditada decisión, marché a ejercer mi deber cívico. Manteniendo mis ideas y sin panquequear como esos oportunistas del triunfo electoral y confiado en el triunfo que a nosotros, los compañeros del FPV encolumnados tras Filmus y Tomada, nos aguardaba al final del día. Un día en que me enorgullezco de apoyar a Macri en el PRO, razón por la cual celebré la aplastante victoria que obtuvimos.

Pero hay un mensaje que quisiera dejarles, más allá de victorias y derrotas. Permitámonos decir, con la frente bien alta, que sólo defendiendo nuestras convicciones podremos mantener la democracia, que tanto nos costó.

De paso, alguien sabe cómo vienen los pronósticos para la segunda vuelta? No sea cosa que con tanta alegría que tenemos en el PRO, terminemos festejando otra vez en el FPV...