viernes, 4 de febrero de 2011

Temo, Momo molesto


A esta altura del año empiezo a temblar. Literalmente. Pero no es miedo ni frío. Es que se acerca ese mega evento cultural tan caro a los afectos de la ciudadanía toda: el Carnaval.

Y resulta que las murgas vernáculas con nombres tan sugerentes como creativos, al estilo de “Los flatulentos de la Plaza” o “Los vientres flojos del tablón”, deciden prepararse para mostrar sus habilidades y no encontraron mejor lugar que la plaza situada a pocos metros de mi casa con lo cual tiemblo yo, mi casa, los vecinos…

Es que comienza Febrero y con él, se apura el frenético armado de las tarimas en todos los barrios de la ciudad . De este modo todos los vecinos, de manera compulsiva, podrán disfrutar  de la espontánea felicidad del carnaval. ¡Cuánta alegría toda junta! ¡Cuánto talento! 

En lo personal, no tengo nada en contra del Carnaval en sí. Lo que realmente me jode es esa manía de imponernos a todos un festejo que podemos querer o no, pero sin dejarnos opción. 

Durante varios años, alguien decidió que la puerta de mi casa era un perfecto lugar para instalar un escenario, parlantes, varios puestitos de espuma y otros etcéteras que hacen las delicias de niños y adultos.

Cada sábado  y domingo de Febrero desde la caída del sol hasta no antes de las 2 AM, meta festejo multitudinario (por multitudinario me refiero a unas pocas personas arriba del escenario y algunas otras abajo). Eso si, las avenidas deben cortarse y circular por Buenos Aires los fines de semana de Febrero se convierte en una odisea difícil de olvidar. 

Para aquellos que no comparten las delicias de vivir en Buenos Aires les cuento que el carnaval de la ciudad dista mucho de parecerse a la alegría brasilera, al despliegue del carnaval de Corrientes o Entre Ríos o a la creatividad y la percusión del carnaval uruguayo. Este lado del río dejó al carnaval un tanto rengo de talento en lo que a letras y ritmos se refiere. En cuanto al baile, parecen el ballet oficial de la ¨Fundación todos por un amiguito con convulsiones¨.

Yo no se quién asesora a la gente que considera que, por la fuerza, el carnaval terminará por gustarnos a todos. Por mi parte cumplo en informarles que, lejos de resultarme más atractivo, cada año me genera más rechazo.

Eso si, no recomiendo protestar por esta situación. No sea cosa que los muchachos de “Los flatulentos de la Plaza” y  “Los vientres flojos del tablón” lo pasen a visitar para charlar del tema. 


¨acá la gente … festeja todo lo que quiere, como quiere, y cuando quiere, en cualquier lugar. Si otro se queja es un fascista, un amargado, o un viejo que no deja disfrutar. Recuerde que esta ciudad es libre, haga lo que quiera, que nadie lo va a parar.¨

¡Saludos!


3 comentarios:

  1. Y en lugar de los martillitos de plático podemos usar martillos neumáticos para reventarles la cabeza a estos murgueros insufribles. Para hacerlo más divertido, digo..

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  2. Yo, con que construyan un murgódromo estoy hecho, siempre y cuando sea en el extremo opuesto de la ciudad y en un área insonorizada.
    Saludos!

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  3. pero huber, vos? un "fascista, un amargado, o un viejo que no deja disfrutar"?

    jajaja!!!!

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