lunes, 21 de febrero de 2011

Carta abierta a una SCAS


SCAS= Secretaria con Aires de Superioridad

Todos las conocemos. Son aquellas mujeres que mutaron de un trabajo más independiente por un puestito de secretaria pensando que, si bien es una función muy por debajo de sus capacidades, sólo sería de manera temporaria. Y el tiempo se estiró, a la vez que se les iba llenando el carácter de una amargura intrínseca viendo que la realidad tecnológica las pasaba por arriba (por “realidad tecnológica” me refiero a todo lo que exceda a enviar un fax).

Las salva el hecho de conseguir en determinado momento un jefe que, con idéntica (falta de) capacidad y menos vuelo que un pingüino, se escuden en ella, dando rienda suelta a su naturaleza obsecuente y confabuladora, como lo expresé en un post anterior.

Yo sé que no es políticamente correcto hablar de esto de forma pública pero, visto y considerando que a estos especímenes les faltan amigos que les digan, de corazón y con un poco de tacto, que tiene menos capacidad que un gotero, debo tomar la responsabilidad de hacerlo.

Podría hacerlo de manera genérica pero teniendo un ejemplo tan cercano me parece un desperdicio no aprovecharlo para personalizar mis opiniones.
Así es que, con todo el afecto del que es merecedora la Sra O (por Obsecuente), le escribo estas simples pero emotivas líneas:

Muy poco estimada Sra.:

Nadie supo decirle con delicadeza cuán insoportable resulta compartir un espacio común de trabajo con Ud. Claro que yo, por mi naturaleza y el cuasi inexistente afecto que le profeso utilizaré una forma un tanto más directa y menos agradable. De todos modos, no tengo demasiadas intenciones de congraciarme con Ud. Y es por esa misma razón que utilizaré el tuteo.

Dejame que te explique un principio fundamental: tener un jefe tan inútil como vos no te hace automáticamente más eficiente. Simplemente te da una cierta impunidad que te permite ejercer tu inoperancia sin demasiados reclamos. No te olvides que yo, como otros tantos, vivimos bajo la premisa de permitirle a la gente llegar por sus propios medios a su óptimo nivel de inutilidad. Algunos, como es tu caso, llegan rápido. Muy rápido. Y si sobreviven es, lamento decirlo, debido a la pauperización constante de determinadas organizaciones, responsables de que se multipliquen parásitos como vos.

Puedo entender que mientras ejercías tu diaria obsecuencia, creyendo en la eternización de este esquema, se te hayan subido los humos. Después de todo, que alguien finalmente te haga creer que servís para algo debe ser, en tu caso, una situación extraña y embriagante. Lo difícil de imaginar es que insistas en creer que nadie nota tu soberbia infundada, tus modales de Gran Duquesa en decadencia y la cortísima visión de la realidad, que te hace sentir imprescindible.

Creyendo ser intocable generaste un ambiente tóxico y denso en el ámbito de trabajo. Yo se que nadie te lo dijo, pero estimo  que habrás notado que a la gran mayoría de la gente le resultás insoportable. Ah, no? No lo notaste? Claro, por lo general quienes notan estas cosas son personas con criterio. Claramente, no es el caso.

Día tras día veo con sorpresa que, en lugar de contemporizar, exacerbás  tu soberbia y tus malos modos. No esperaba menos de vos. Lamentable pero absolutamente previsible. Como tu personalidad.

Por último quiero enumerar algunas cosas que los demás notamos y que tu mencionada falta criterio y de amigos sinceros no te permite aceptar y, mucho menos, corregir: que sos insoportable, que causas una mezcla de gracia y lástima, que nadie cree que puedas manejar una PC para algo más que mandar un mail (y generalmente con errores), que escribir 3 cartas en un día no significa tener mucho trabajo, que fingir conocimientos no es lo mismo que tenerlos, que son muchos los que se ríen de tus aires y de la brecha insalvable entre tu autoestima y lo que realmente valés, que tus sonrisas falsas y tu fingida cordialidad no engañan a nadie, que las sonrisas que te dedican no son de simpatía sino de lástima, que muy pocos lo lamentarían, que no hay correlato entre tus veleidades de diva y lo ordinario de tu comportamiento, que a tu edad el animal print da patética y decadente y finalmente que el día que te vayas, vas a tardar más en atravesar la puerta que lo que va a durar tu recuerdo.

Sin más que agregar y con la esperanza de que puedas capitalizar estos sinceros consejos, te saludo con todo el afecto que te merecés. 
Saludos!!!

Recuerden que todo parecido con la realidad es pura observación y mucha ficción porque gente así en la realidad no existe. O si?

1 comentario:

  1. La conozco. Se de quién hablás. No se como te bancas verle la cara todos los días. Aguante, Huber!

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