viernes, 28 de enero de 2011

Hablá claro o te agarro del purpurado cuello (Primera parte)


Bien se dice que “el que avisa no es traidor”, así que prevengo a todo lector que no sea argentino que parte del contenido le será profundamente ajeno ya que me voy a referir a las letras de las canciones patrias.

Hecha esta salvedad, expongo ante ustedes mi pregunta: a que clase de sádico hijo de puta se le ocurre escribir las letras de las canciones patrias tal como fueron escritas y pretender, adicionalmente, que la escuela sea el centro de adoctrinamiento y difusión primaria de dichas canciones?

Como el tema da para largo, vamos a ir por partes arrancando con el querido, elogiado y nunca bien ponderado San Martín. Este buen hombre se ligó un himno y una marcha en homenaje al bautismo de fuego de su regimiento: la Marcha de San Lorenzo (ojo, no confundir con analogías futboleras)

1.   Comencemos con la Marcha de San Lorenzo que, dentro de todo, es de lo más livianito:

  • Febo asoma: que mala leche! Justo antes del zafarrancho le empieza a lengüetear la suela de la bota? Eso es muy mala publicidad para la marca.
  • Son las huestes que prepara San Martín: no se que corno serán la huestes pero me suena a una especie de guiso rápido. Un fenómeno el Gran Capitán, que encima les cocinaba a los muchachos.(*)
  • El clarín es tridente y sonó: a ver, es clarín o es tridente? Y encima se le rompe? Un poco más de cuidado muchachos, después de todo es la primera participación de San Lorenzo en la Libertadores.
  • Al viento desplegado, su rojo pabellón: un precursor, este San Martín. De movida se la agarró con la avanzada bolche en Latinoamérica… antes incluso que existieran los bolches!
  • Y nuestros granaderos, aliados de la Gloria: parece que habría una minita, gauchita ella y que, según se comenta, era precursora de las botineras.
  • Cabral soldado heroico, cubriéndose de Gloria: y dale con la minita esta! Evidentemente una trepadora que se quería pirobar a Don Jose y el chabón le dio matraca para que no joda al General. No lo hizo gratis, le cobró lo mismo que otra que andaba por ahí, una tal Victoria (de ahí lo de “cual precio a la Victoria”). Lo que queda claro es que El correntino era de bombeo prolongado, de ahí que digan “su vida rinde”. Esos son héroes!
(*) Aclaración necesaria: para todos los fanáticos del balompié vernáculo, les aclaro que dice “las huestes”, no “las Oestes”. Es decir que no se refiere a las inferiores de Ferro entrenándose para jugar con los cuervos.


2.   Vamos subiendo en complejidad. Himno a San Martín:

  • Yerga el Ande: por qué “el” Ande? por aquella época había una montaña sola? Con razón la pudo cruzar… Y si así fuera, hace falta poner “yerga”, de rima fácil y obvia, con tanta palabra disponible?
  • Entre cielos y nieves eternas se alce el trono del Libertador: lindo lugar para el trono! eso es mandar a un político opositor al freezer. Otra que una Embajada en Namibia!
  • Suenen claras trompetas de Gloria: y vuelta a aparecer la misma botinera. Lo de las trompetas no me queda claro, tendría la voz chillona?
  • La luz de la historia agiganta la figura del Gran Capitán: eso, claramente, es decir que lo que cuentan de él es exagerado, o no?
  • Padre Augusto del pueblo argentino: en qué quedamos? Es el Himno al General San Martín o al Padre Augusto? Quién es este cura? Después no quieren que los chicos se confundan…
  • A su sombra la Patria se agranda en virtud, en trabajo y en paz: y claro, al sol es mucho más jodido pero tampoco es cuestión de andar inculcando que si hace calor nos rascamos el higo.
  • Que tu nombre, honra y prez: en qué quedamos? Honra y Prez o José? Asi no hay cordura que aguante.
  • Asegure por siempre los rumbos: se dice por ahí que, al retirarse, se puso una Compañía de Seguros.
  • …de la patria que alumbra tu luz: dicen que originalmente decía Tulouse, de dónde se importaban las velas en aquella época.
  • De Santiago a la Lima gentil: entiendo que no había muchos rusitos en aquella época en Peru, pero esto me da medio discriminatorio…
  • Fue sembrando en la ruta laureles: claramente un patriota, no uno de esos malparidos y apátridas que plantan soja.
  • San Martín, el señor de la guerra: no era que el apellido de Remedios era “de Escalada”? Quien es esta Guerra? Será Gloria?
  • por secreto designio de Dios: para ser secreto, el barba  lo hizo bastante público. Convengamos que la discreción no es su fuerte.
  • grande fue cuando el sol lo alumbraba y más grande en la puesta del sol: y si, mucho héroe y procer pero a la hora del boliche se agrandaba y chapeaba. En definitiva, era humano…
El tema sigue porque, por suerte (?) canciones patrias no nos faltan.
Para la próxima vamos con Aurora (no la vaca, porque se hace difícil ponerla alta en el cielo).


Cambiando de tema, a la foto, no la titularían "Mirá Mamá!! Ando sin manos!!"?

Saludos!!

martes, 25 de enero de 2011

Movimiento Uniformemente Acelerado


Hace más de una semana que no publico nada. No es que me haya quedado sin inspiración, sino que empezamos a hacer un pequeño retoque de pintura en casa.

Sé que no soy el único que atraviesa este tipo de situaciones. Miles de otros pasaron por este camino unidireccional que se nos plantea como una pequeña puesta a punto, sin mayores complicaciones y que nos lleva del pequeño retoque a la demolición y reconstrucción de nuestra vivienda.

Para la vida en pareja, un pequeño retoque de pintura implica, necesariamente, arreglar la medianera, pintar todo el perímetro, el patio, el living, la escalera y, ya que estamos, levantar todo el piso del comedor y cambiarlo… Ya me cansé y ni siquiera empezamos.

Es en este punto que quisiera alertar a aquellos desprevenidos que están transitando por su primer “retoquecito” en pareja. El es una ley física que indica: si accedés a hacer “una pequeña reforma” en casa, el acelere posterior, impulsado por la dueña de casa (esposa/novia/concubina o cualquier título habilitante similar) tomará una velocidad de cambio que superará todas las previsiones.

Como empieza todo? Veamos, por lo general la “persona a tu lado con título habilitante”, con aire distraído, te dice una frase en apariencia inocente “No tendríamos que retocar un poquito la pintura del frente?”. Uno, que tiene tanto apego al detalle como a la urticaria y que si viera un elefante en el comedor a lo sumo notaría que algo le tapa la tele, asume que seguramente debe haber algún retoquecito que hacer, hace cálculos mentales de costo y entiende que la única respuesta posible es SI. Este rápido análisis nos indica que negar o postergar el inicio de ese “retoquecito” nos saldrá muy caro pero en términos que no se refieren a lo económico.

Entonces nos embarcamos en ese pequeño arreglo. Esa decisión es sólo el comienzo de una maratón de pintura y albañilería de inicio claro y fecha de finalización incierta.

Para que todo esté de acuerdo al gusto de ambos, un día nos toca ir a elegir pinturas. Mientras revisamos catálogos interminables de colores (con sus infinitos matices correspondientes) notamos que de alguna extraña manera, llegamos a recorrer el área de cerámicas para pisos. Es ahí donde deberíamos entender que algo no está funcionando tal y como lo preveíamos, pero no. Uno sigue adelante como si sólo estuviera tomando ideas y aunque prefiere negarlo, sabe que muy pronto su hogar se verá como zona de desastre y deberá refugiarse en el rincón más alejado y escondido para no ser lijado, pintado, empastinado, revocado y, por qué no, vuelto a lijar y barnizado.

Dentro nuestro sabemos que el resultado final va a ser mejor que lo que tenemos hoy, pero la diferencia radica en lo siguiente: el hombre si puede  postergar el inicio de semejante odisea, lo hará de forma indefinida. En contraposición, la mujer sólo necesita una pequeña falla en la pintura para dar inicio a un Movimiento Uniformemente Acelerado que sólo termina cuando los albañiles se cansan o se agotan los fondos, lo que ocurra primero…

viernes, 14 de enero de 2011

La vida de los objetos


Cada día estoy más convencido: los objetos tienen vida propia. No sólo eso, además nos mandan claros mensajes que nosotros, desde nuestra comodidad, elegimos no escuchar.
No todos son iguales ni tienen la misma personalidad (a la que nos referiremos como “objetalidad”, en este caso).

Por un lado tenemos algunos que, desinteresadamente, nos ayudan y cooperan para hacer nuestra existencia más llevadera. Es el caso de las pantuflas. Alguna vez bajaron los pies de la cama y estas humildes servidoras habían desaparecido? Nunca! Y esto es porque saben que su importancia está en que nuestros pies se acomoden plácidamente en su interior. Por qué razón, si no, las cómodas pantuflas adquiridas cuando calzábamos un modesto 38 siguen prestando servicio cuando ostentamos un maduro 42? Porque se adaptan y prefieren perder la forma, sacrificando su estética personal, antes que dejarnos en banda. Mis respetos a estas humildes y anónimas servidoras de la humanidad. 
En esta misma categoría podemos encontrar: las herramientas para hacer el asado, heredadas probablemente de un padre o un tío, donde el cuchillo no corta ni el tenedor pincha pero están ahí, al lado de la parrilla y no se nos ocurriría cambiarlos: eso sería un acto de deslealtad.

Hay, claro está, algunos que acompañan. Ni ayudan ni joden. Están y eso es suficiente. Uno sabe que no tiene que pedirles demasiado porque tienen sus limitaciones. Son como ese amigo bueno y fiel pero un poco tonto: sabes que no le da para mucho pero sólo el hecho de estar te reconforta. En esta categoría entran esas remeras viejas, ya gastadas, medio amarillentas, que siempre están a mano cuando necesitas algo cómodo y sin estridencias. El peligro que corren estos objetos es el de encontrarse con la novia/esposa del legítimo dueño. A partir de ahí sus días estarán contados. Puede no ser hoy ni mañana, pero algún día, al buscarla, no veremos más lo que queda de nuestra querida “Sal en a las ball nas”. La misma suerte que el amigo de soltería. 
En esta misma categoría podemos encontrar: el gorrito del Capitán Piluso que aun hoy lo usamos de vez en cuando, un cepillo de pelo que le quedan pocos dientes y menos mango (para ellas) y el calzoncillo jetón (tabién llamado “calzoncillo rumores”, porque hace correr las bolas).

Pero no todo es tan noble. Hay objetalidades oscuras que nos rodean y desde la inimputabilidad de su propia condición, nos provocan y complican nuestra existencia. Son generalmente objetos que deberían prestar un servicio pero que, lentamente, se van adueñando de nuestra voluntad y terminan por jugar con nosotros un juego perverso. Si, señores, me refiero al maquiavélico control remoto.  Primero llegó, casi con timidez, y con aparente humildad se fue metiendo en nuestra vida y nuestras costumbres. Hoy, la frase más popular en cualquier hogar que se precie es “Dónde quedó el control?”, mientras la familia a pleno lo busca. Ya nadie piensa en acercarse al televisor y realizar el cambio  a mano. Me atrevería a decir que la mayoría de la gente no tendría idea de cómo hacerlo. Y mientras tanto, escondido en algún rincón, este macabro personaje se ríe de nosotros y nuestra infructuosa búsqueda hasta que se aburre del jueguito y aparece… en el mismo lugar donde lo buscamos varias veces. 
En esta misma categoría podemos encontrar: el termómetro que aparece siempre que uno no lo necesita y juega a las escondidas ante el menor atisbo de fiebre, las llaves que tienen un espantoso manejo de la oportunidad y desaparecen cuando más apurado está uno por salir y las pilas que se declaran en paro (sin movilización) y generalmente lo hacen en horarios que no hay kioscos cerca para reponerlas.

Por muchos años se alimentó la idea apocalíptica que las máquinas inteligentes (computadoras, robots, etc.) se rebelarían tomando control de la humanidad. Yo creo que la cosa es distinta: la rebelión vendrá de parte de objetos mucho más simples y comenzó hace ya varios años.

Tengo la impresión que la dupla control remoto-pilas es de temer y son ellos, precisamente, los cabecillas de la rebelión.

Saludos!

lunes, 10 de enero de 2011

Vuelvo a ser chico


Vuelvo a ser chico. Por un instante. Y en ese instante recupero  a Manuelita y su historia de amor, a la vaca estudiosa, una luchadora por la cultura popular, bailo el twist junto al Mono Liso mientras tomo el té en una tetera invisible y tiemblo junto a mi querida amiga, la Reina Batata, aguantando la respiración hasta que, siempre en el último momento, la salva la nena menor de la casa.

Dejo que pasen unos pocos años y saliendo del país de nomeacuerdo, vuelvo a cantar como la cigarra cuando todos, de a poco, asomábamos al sol después de varios años bajo la tierra más oscura. Y mientras cantamos, redescubrimos nuestra Buenos Aires con un vals municipal.

Repaso los años en que no estuve y canto, una y otra vez, la serenata para la tierra de uno.

Al volver, dejo pasar más años y disfruto de tener no mucho pero sí con quién y juntos tendemos la sábana y el mantel.

Y  casi como por arte de magia, cuando la sábana y el mantel quedaron chicos porque la familia creció, vuelvo a repasar: Manuelita, la Vaca, el Mono Liso, la Reina Batata… y vuelve a girar la rueda, en una nueva generación que va a mantener con vida la memoria de quien nos enseñó a cantar la mufa y hacer escarapelas con el jacarandá.


Gracias, María Elena!! Qué triste sería el mundo si no hubieras existido.

Me parece que vi un lindo cuentito…



Por un tiempo largo no entendí ni usé Twitter. Me parecía que no tenía ningún uso práctico. Hasta que abrí una cuenta.(Nota: para aquellos que aun no lo usan ni lo conocen, les recomiendo leer esta guía).

Uno de mis cuestionamientos al pajarito cantante era: qué se puede decir en sólo 140 caracteres? Soy esencialmente verborrágico (por parte de madre) y, soy capaz de volcar una película de 90 minutos en varias horas de relato. Me di cuenta que tenía 2 opciones: descartarlo por portación de prejuicio o intentarlo y hablar desde la experiencia

Me decidí por la opción de darle una oportunidad y empecé a prestarle atención, a leer y escribir. Al poco tiempo, me di cuenta que Twitter genera un desafío: poder decir algo consistente con sólo 140 caracteres y lo que inicialmente me parecía una contra, descubrí que era una gran ventaja y un ejercicio interesante.

Como parte de ese ejercicio, escribí algunos relatos que puedan entrar en esos pocos caracteres. Así fue que los empecé a publicar con el hashtag #cuentoen140 (hashtag = etiqueta, e insisto: lean esta guíay ahora, los primeros, los vuelco en este post:
  • “No me dejes!”, dijo. Al irme, intentó subir al auto conmigo. Yo cumplí mi palabra y no la dejé... venir. Espero que lo valore. #cuentoen140
  • Dicen que la tele destruyó la imagen de la estrella de radio. Twitter fue mucho más allá: destruyó el respeto que aun le tenía. #cuentoen140
  • “Lo mío es el deporte” dijo y se preparó un gran plato de papas fritas con una birra y se sentó en el sillón para ver el partido#cuentoen140
  • Al verla, descubro la imagen viva de la obsecuencia. Está  muy claro que el hombre desciende del mono, pero ella descendió más. #cuentoen140
  • "No estés tan deprimida. Animate: sacate de encima los problemas que te impiden avanzar" dijo él. Ella le hizo caso y lo echó. #cuentoen140
  • El la esperaba. Ella, sin decir una palabra, decidió no volver. El dolor, insignificante, dejó paso a la sensación de libertad. #cuentoen140
  • Hijo, con esfuerzo hice mi fortuna que será tuya.Entiendes? Si pa, entiendo: mejor que laburar es ser hijo y ligarla de arriba. #cuentoen140


A qué viene todo esto? A que me gustaría invitarlos a escribir sus propios relatos cortos en 140 caracteres. Para los twitteros, háganlo agregando el hashtag #cuentoen140 al final, los que no tengan twitter, pueden dejarlos en los comentarios. Créanme que es un ejercicio interesante y divertido.

Eso si, las aspirantes a vedettonga con menos neuronas que caracteres disponibles, que escriben algo como: “Si voz no leistes esto, creanmen que se lo reperdieron, chauchis!” , absténganse!


miércoles, 5 de enero de 2011

Una cuestión de principios


-Escuchame bien. -le dije con firmeza- Yo no estoy para jueguitos. Esta vez las reglas las pongo yo. Ya estoy cansado de que me pasen por encima y crean que me pueden manejar la agenda. Llegó el momento de marcar los límites.

Me miró sin entender a qué me refería. Después de todo, no era muy común que le hagan este tipo de reclamos. Yo, como ya venía medio envalentonado, seguí con mi planteo:

-A esta altura yo no tengo ningún interés en responder a las locuras de cualquier recién llegado que se cree con derecho a borrar todo de un plumazo y arrancar de cero. Vos vendrás con todo tu ímpetu, con todas tus ganas y todo lo que quieras pero no te olvides que yo tengo mi tiempo aca y mi experiencia y si bien con todos los anteriores  me mantuve calladito y a la expectativa, esta vez no quiero locuras: las cosas se hacen a mi manera y si tenés ganas de cambiar algo, lo hablás primero conmigo. Nada de sorpresas, de modificaciones bruscas o algún otro tipo de locuras. Si decidís quedarte, báncate estas reglas y si no, fijate cómo hacés para irte… para irte acostumbrando, digo. Todos los anteriores llegaron con mucho ruido y grandes festejos y se terminaron yendo poco menos que abucheados y con muy baja popularidad. Sinceramente, espero que no te pase lo mismo. Aprovechá la confianza que te estamos dando y demostrá que te la merecés.

Me miró como con ganas de decir algo, pero se calló. Calculo que me vió lo suficientemente decidido como para no hacerse el loco y se mantuvo donde estaba. 

Hasta yo me sorprendía de la manera en que le planteé mis términos. No sabía cómo lo iba a tomar ni cómo iba a actuar. Por un momento pensé que se me había ido la mano y como no quería terminar la charla en un tono de pelea, le dije:

- De tus antecesores hubo mejores y peores. Por mi parte te doy un voto de confianza, mi estimado 2011 y espero que, cuando te vayas, lo hagas con mejor prensa.

Es muy temprano para saber cómo va a actuar, después de todo recién llegó hace 5 días…

Feliz año para todos!