viernes, 3 de diciembre de 2010

En boca cerrada...


Resultó ser que pasó el tiempo y el Dr. I llegó al final de su función. Este momento implicaba una larga serie de despedidas. En realidad, ni tan larga como él hubiera querido, ni tan corta como hubiese merecido.

El tema es que muchos de los obsecuentes y leales soldados de la incompetencia, revoloteaban a su alrededor compungidos y con cara de circunstancia. Estos guardianes del Dr. I, les asestaban una mirada gélida y reprobatoria A todos aquellos que no compartían su sensación de pérdida, como si su alegría fuera un acto de alta traición. Defensores de lo indefendible, entiendo su frustración y su malestar al verse privados de la fuente y justificación única de su permanencia en el cargo.

Entre los parias de la Administración I, se encontraba uno que, por obra y gracia de su propia incontinencia verbal, solía quedar siempre en “orsai”: o decía lo que no correspondía o en el lugar y ante el público equivocado.

Si el hubiera podido, aunque sea a veces, mantener la boca cerrada, se habría evitado varios problemas, pero le resultaba muy difícil. Extrañamente, los sujetos de sus comentarios no solían recibir sus ataques de verborragia con alegría. Su falta de filtro le había deparado, en el pasado mediato e inmediato, desde ser incluido en “listas negras” hasta despidos, pasando por incómodas situaciones laborales. Esto refuerza mi postura acerca de lo poco honesto del pedido de honestidad, valga la contradicción.

No me malinterpreten, no se arrepentía de haber dicho, en su momento, lo que dijo. Intentó muchas veces ser menos consecuente con su idea y mas obsecuente con el sujeto de sus críticas, pero no pudo. No le dio el estómago. Es cierto que, en algunos casos, podría haberse quedado callado. En otros era imposible y las palabras le salían demasiado directas.

Esta fue la situación en la despedida del Dr. I, que en su actuación profesional fue, a juicio de varios colegas, superiores y subalternos, como un viejo tractor: poca  capacidad de trabajo, lento y de pocas luces…

En la despedida, hablaron muchos. No podía sumarse a la larga lista de halagos vacíos, en su mayoría destacando su lado humano (comprendan que había muy poco que decir de su lado profesional). Por otra parte y basado en las experiencias que ya les comenté, no podía ser totalmente honesto.

Cuando notó que no podía evitar hablar tuvo que tomar una opción de compromiso. Llegaba el momento y, después de pensarlo mucho, entendió lo que debía decir.

Tomó aire y con su mejor cara de poker, arrancó: “No voy  a repetir lo que ya han dicho quienes me precedieron en el uso de la palabra, pero quiero agregar algo. El Dr. I tiene una característica que lo distingue: es absolutamente transparente. Ustedes ven exactamente lo que él es. No hay nada escondido ni oculto. Ni en lo personal, ni en lo laboral. Y permítanme agregar que, haber trabajado con él, para mí fue una experiencia inolvidable. Le deseo en el futuro, todo el éxito y el respeto que se merece por ser el tipo de persona que es.”

A lo mejor se pasó un poquito pero el Dr. I recibió esas palabras con una mirada de satisfacción y agradecimiento que confirmaron las sospechas de todos: el hombre es un viejo tractor.

3 comentarios:

  1. La verdad es que me vienen a la cabeza varios poemas que estarían acorde a la situación, como ese poema, un poco corto pero muy preciso: "Se van, se van, y ..." o aquel otro, un poco mas complicado pero no menos preciso: "En un bosque, de la China, un...".
    Elegí vos, yo creo que ambos dan en la tecla.
    Abrazo

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  2. Lalo,

    todos aplican. También aquel que decía: "X , compadre..." y, si te gusta el tango, está la bonita página intitulada "Cara rota" (si no la tenés, avisame que te la mando).

    Un abrazo!!!

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  3. Robin le decia a Batman: RAYOS Y CENTELLAS !!!! ****XXXX !!!!

    Necesito pistas para la "incontinencia verbal"... favor enviar urgente aunque sea solo 1 que confirme mis sospechas........

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