martes, 2 de noviembre de 2010

Ríndete y tendrás un juicio justo

smD20704a by diosthenese


La cosa había llegado a un punto en el que la opción era él o yo. El duelo era inevitable. No parecía haber espacio suficiente para ambos.

No fue asi desde el principio. Creí que podíamos mantener una relación estable y hasta simbiótica. Pero me equivoqué.

Cómo puede ser que yo mismo le haya abierto la puerta y le haya dado un lugar en lo que, hasta ese momento, era mi lugar, mi refugio, mi espacio personal?

Al principio lo tomé como un miembro más del grupo. Incluso le permití cosas que ni hubiera permitido antes, ni se lo hubiera permitido a otro. Ese fue mi error. Evidentemente confundió permisividad con debilidad y comenzó a atribuirse prerrogativas que no le correspondían.

Ahora es tarde, ya hace tiempo que no nos entendemos. Era sólo cuestión de tiempo para que la situación llegue a este nivel de tensión. Una simple pero elevada contienda de egos. Ni él ni yo estamos dispuestos a ceder terreno. Después de todo, cada centímetro de espacio reclamado como propio nos había costado bastante.

Reconozco que no actué a tiempo. Que cuando debí frenarlo con firmeza, para evitar conflictos que creía innecesarios, lo manejé con demasiada calma y ahora que estamos frente a frente, uno de los dos va a tener que ceder. Alguien se va a ir vencedor y el otro deberá asumir la derrota, tratando de mantener la poca hidalguía que nos deja la derrota pública.

Pero todo lo que pasó, es historia y ya no cuenta. Es aquí y ahora. El o yo. El desafío se planteó y ahora es tarde para echarse atrás.

Si él se mantiene dentro de los límites de mis reglas, todo quedará en paz, pero admitiendo tácitamente que yo soy la ley. Si decide actuar de alguna manera desafiante, voy a tener que actuar con firmeza para mantener mi posición.

Llegó el momento y el tomó la iniciativa: este perro de porquería me volvió a mear el sillón. Para mantener mi autoridad le puse un patadón que voló algunos metros y como era de esperarse mi mujer, por idéntica razón, se la agarró conmigo y defendió al perro.

Ahora sólo me queda una opción: limpiar el sillón porque hasta que me perdonen estoy desterrado al living.

Puede que sea mi imaginación pero estoy seguro de haberle visto una sonrisa sarcástica mientras se alejaba, en los brazos protectores de la super-alfa de la manada.


3 comentarios:

  1. Y encima los llaman "el mejor amigo del hombre". Si es asi que la comida me la pague él de vez en cuando.

    Muy bueno, felicitaciones

    ResponderEliminar
  2. Yo a la primera de cambio lo vuelo de un cuetazo. Que bicho jodido!!

    Mantenga el orgullo, Huber, no afloje que tiene razón!!

    ResponderEliminar
  3. Ari: y que me saque a pasear, limpie lo que yo ensucio y de paso, que labure.

    Anónimo: se que tengo razón. Mi lucha es la lucha de los que, en temas de mascotas, no tienen voz.

    Saludos!

    ResponderEliminar