martes, 30 de noviembre de 2010

Nada por aquí, nada por allá



Nada, che. Cero. Un total y absoluto desierto.

Días y días pensando para que lo único que se me ocurra sea, precisamente, nada.

La cabeza y la pantalla en blanco. Le doy vueltas a algunas ideas y me largo a escribir varias cosas diferentes para descartarlas más rápido de lo que las empiezo a escribir.

Hace ya más de un año y medio que abrí este blog y hasta ahora, por suerte, venía zafando de la laguna aunque sabía que, en algún momento me iba a pasar.

La verdad es que me gustaría poder encontrar una razón externa que justifique semejante traba. Pero no, no es así estoy trabado pero porque sí (Gracias Yog´s).

Y entonces me di cuenta que podía, a modo de exorcismo, escribir sobre esto y contarlo a todos los que siguen y leen  este blog que es, como fue desde el principio, el camino para compartir lo que pienso, siento y veo. Y ahora parece que no encuentro la forma de contarlo.

Probaré con el abracadabra, el sin salabin y algunas otras palabras mágicas, a ver si funcionan. En una de esas, así como me quedé en blanco puede que vuelva la inspiración porque escribir se me convirtió en este último año y medio en una divertida adicción.

Saludos!

jueves, 18 de noviembre de 2010

No nos vencerán!


Hace tiempo que vengo estudiando el comportamiento subrepticio de una corporación que, desde las sombras como un monopolio abusador y disfrazado, trabaja para enriquecerse de manera espuria a costa de nuestra buena voluntad. 

Nosotros, los que trabajamos honestamente sin sospechar que somos víctimas de esta sucia manipulación, caemos burdamente en la trampa. Una y otra vez. Y lo peor es que cada vez que lo hacemos sólo ayudamos a enriquecer a estos inescrupulosos y abusadores.

Es por eso que considero que no podemos seguir callados. Quiero hacer una denuncia pública. Una denuncia acerca de esta manipulación y abuso que hace tiempo descubrí y que por miedo a la corporación que la organiza, no me atreví a sacar a la luz. Pero llegó el momento de decir basta.

Basta de utilizarnos para enriquecerse. Basta de hacernos creer que la responsabilidad es nuestra. Basta de hacernos pasar por el mal momento de dar explicaciones cuando lo único que deberíamos saber es que no somos culpables sino víctimas. Basta, señores. Basta de jugar con nuestra autoestima.

No señores!! En este mismo momento los desenmascaro, no sólo ante mis congéneres sino también ante sus esposas. Ellas que, como inadvertidas cómplices de la corporación, reciben la noticia de lo acontecido con una cara que, aunque no esté acompañada de palabras, para nosotros es clara. Las cejas arqueadas, la boca con una mueca de media sonrisa sarcástica y el posterior soplido, entrecerrado de ojos y negación con la cabeza. Una expresión que implícita pero claramente nos dice “No podés ser tan boludo de volver a mancharte la corbata”.

Hablemos claro. Les hablo a ustedes, señores fabricantes de corbatas: Que se creen? Que son tan necesarios? No, señores, no se equivoquen. Nosotros nos arreglamos perfectamente bien solos para bajar en la escala conceptual de nuestras esposas/novias/concubinas/amantes!!

Yo lo sé y lo hago público: ustedes las fabrican con una tela especial con propiedades magnéticas que genera un campo gravitacional atrayendo cualquier elemento comestible circundante, en especial los que son imposibles de quitar. Corbata tras corbata, manchada con salsa, aceite, mostaza, mayonesa, etc. Cómo puede ser? Nunca estos elementos caen en otro lado que no sea en la corbata? No, señores, no nos tomen por estúpidos. Eqo lo podemos hacer solos. Esto termina aquí.

Alcemos nuestras voces. Hagamos valer nuestra fuerza e iniciemos la revolución: dejemos de usar corbatas. Por nuestra dignidad, por la lucha contra las corporaciones que nos tienen agarrados del cuello y, principalmente, porque la corbata, a diferencia de la pelota, sí se mancha.

Y por otra parte las pelotas, además, se hinchan.

Saludos!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Amigos, anécdotas y memoria


El tiempo hace que a veces las anécdotas que vivimos y repetimos hasta el cansancio, nos empiecen a parecer inverosímiles.

De golpe uno se empieza a preguntar si todo eso ocurrió o es una jugada medio extraña que nos hace el trío fantástico de la exageración: el tiempo, la memoria (o su ausencia…) y la fantasía.

Como ya escribí en artículos anteriores, yo viví fuera de Argentina en una etapa muy importante: entre los 19 y los 23 años. Es esa época estando lejos y sin mi familia directa cerca, los amigos que tomaban el lugar de una familia adoptada como propia, eran compañeros de ruta para grandes (enormes!) anécdotas que, por esas cosas que tiene la memoria, a mi me quedaron grabadas.

Pasó mucho tiempo y el tema es que con el correr de los años, uno empieza a dudar de los propios relatos. Será que fue realmente así? No estaré inventando (voluntaria o involuntariamente) aunque sea una parte, para hacerlo más interesante de relatar y más nostálgico, heroico, cómico, emotivo o tétrico de recordar?

Para ser sincero, estas dudas no me impidieron seguir contando, contando y contando estas anécdotas hasta el cansancio (sobre todo el cansancio de mi mujer que de tanto escucharlas ya las sabe de memoria).

Pero la duda seguía. Habrá sido así?

Y resultó que hace un tiempo se conjugaron las casualidades, las coincidencias, las inevitabilidades históricas y la necesidad consciente e inconsciente de corroborar mis recuerdos me permitió ubicar a uno de esos compañeros de ruta. Un amigo que por años (muchos) no ubiqué y que resultó estar más cerca de lo previsto. En un viaje familiar a Córdoba, arreglamos la forma de vernos y de golpe, en ese primer abrazo reconocí como reales cada una de esas historias. Pero no quedó sólo en el abrazo: repasamos todas las anécdotas que el tiempo nos permitió y con tanta sorpresa como alivio vimos que, lejos de haberlas exagerado, los detalles recordados en conjunto nos ayudaban a revivir con mayor detalle todos esos momentos que formaban nuestra memoria de los tardíos ´80.

Pasaron los años y cada uno de nosotros siguió su camino, tuvimos nuestras altas y bajas, pasamos mejores y peores momentos. No nos vimos por mucho (demasiado) tiempo. Pero esos años, con sus anécdotas a cuestas,  nos quedaron marcados a fuego (mucho más de lo que yo creía) y resultaron estar mucho más ajustados a la realidad de lo que hoy quisiera admitir.
Volví de ese viaje con una sensación de haber recuperado parte de mi memoria. No por haberla perdido antes pero si por haberla confirmado ahora.

Gracias, Ale Y. (Sanjua) querido, por ese ejercicio de volver a los 20 para recordar cuánto más sorprendente es la realidad que la imaginación y que nos acompañen en ese viaje todos los personajes de aquella época, que no fueron pocos!

martes, 9 de noviembre de 2010

Revelaciones


Hoy pasé al lado del Profeta, como todos los días, y lo noté distinto. Me llamó la atención su silencio y sobre todo, su mirada: perdida como si mirara a través de quienes pasaban a su lado. Ya no advertía, a los gritos y blandiendo su bastón,  acerca del fin del mundo ni de las catástrofes climáticas. Mucho menos hablaba de la falta de fe o de la inminencia de la destrucción de los impíos.

Me sorprendió tanto que rompí mi natural timidez y le pregunté:

-Qué pasa, Profeta? Hoy no hay profecías apocalípticas?

-Ni hay ni va a haber –me contestó con una voz de derrota que nunca le había escuchado.

-Vamos, no me va a decir que no va a pasar nada trágico!-le dije un poco en broma pero bastante sorprendido- Después de todo, las cosas de ayer a hoy no cambiaron tanto y el mundo sigue tan "pecador" como antes…

-No, pibe -me dijo, casi en un sollozo- Ya nada es como era antes.

-Pero, por qué? Qué cambió tanto? – le pregunté, más como dándole un pie que por curiosidad real.

-Cómo “qué”? Todo! Uno, después de años de esfuerzo se había hecho un nombre, una imagen y hoy todo se banalizó. Se perdió la esencia, eso es lo que pasó. Antes no me escuchaban, pero ahora ni me miran. Peor! Ni me ven!! Prefieren a los más famosos, los falsos.

-Bueno, Profeta, pero en definitiva, lo que hagan los demás lo tendría que tener sin cuidado. Es otra cosa, otro público…

-Estas equivocado!-me interrumpió- Nada de otro público ni otro estilo, vos no te das cuenta, pibe… es que me están matando. La locura auténtica ya no tiene espacio. Hoy, si sos un “loquito” nadie te da bola. Para que te escuchen tenés que ser freak… y yo no doy la talla para semejante nombre… Dejá, pibe, no se si me vas a entender pero mi problema no es que el mundo se termina. Lo que se termina es mi forma de vivirlo.

Ahí tomé conciencia de lo que le pasaba.  Se le estaba acabando su tiempo. De golpe lo vi con otros ojos y me di cuenta que no podía hacer nada. Nadie podía. La actualidad lo pasó por encima y ya no tenía forma de volver a subirse.

Le dejé en la latita de siempre la moneda de todos los días y me fui pensando en cuántos otros, como el Profeta, se están quedando sin su laburo de “loquito del barrio”. Los únicos que van a sobrevivir son los que lleguen a la tele, aquellos sedientos de un poco de fama mediática. La locura snob que prefiere que la llamen "freak", como si fuera un título de nobleza largamente anhelado.

Se nos están acabando los loquitos artesanales, los que conocíamos de toda la vida en el barrio. Los nuevos freaks, más “plásticos”, duran mucho menos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Un flojito, después de todo.


Yo vengo de familia dividida. Dividida por partida doble: por miles de kilómetros y un número no menor de peleas. Estas últimas son generalmente, a la hora de dividir, mucho más efectivas que las distancias físicas.

Yo mismo en algún momento armé valijas y me fui. Años después las volví a armar para desandar el viaje y el corazón y la realidad me quedaron partidos y extrañando a su mitad lejana, sin dejar por eso de disfrutar y confirmar mi elección. De hecho, es gracias a mi regreso que conocí a mi mujer y tengo la familia de la que me enorgullezco.

El tema es que tiempo después de mi regreso mi madre y mi hermana se fueron también y desde entonces el extrañar pasó a ser un compañero diario, raramente interrumpido por alguna visita esporádica, llamados telefónicos (de frecuencia más que aceptable) y toneladas de bytes (mails, fotos y cuanto etcétera se les ocurra), gracias a la era digital que por suerte nos toca vivir.

Digamos que, con varios años a cuestas de océanos y continentes interpuestos, uno se va acostumbrando a la situación. Casi.

Casi, porque hay momentos específicos en los que la distancia pesa y la nostalgia cuesta. 

Hoy es uno de esos momentos: ayer sonó el teléfono y era mi vieja. Esta vez, para variar el estilo, fue bien concisa y directa con una noticia excelente: mi hermana, con 41 semanas de embarazo a cuestas, llegó al hospital para dar a luz a su primer hijo. Y no pude escuchar nada más.

Yo soy de cuerito flojo, de lágrima fácil. Un llorón, se podría decir. No reniego de esta característica. Todo lo contrario: la llevo adelante por la vida con emotivo orgullo (tan emotivo que me hace lagrimear). Honré, entonces, esta condición y me despaché a gusto. Después de todo, me estoy estrenando como tío directo.

Todos sabemos que se hace difícil la distancia y, contra todo lo previsto, también en momentos de intensa y profunda felicidad. 

Este es uno de esos momentos.

martes, 2 de noviembre de 2010

Ríndete y tendrás un juicio justo

smD20704a by diosthenese


La cosa había llegado a un punto en el que la opción era él o yo. El duelo era inevitable. No parecía haber espacio suficiente para ambos.

No fue asi desde el principio. Creí que podíamos mantener una relación estable y hasta simbiótica. Pero me equivoqué.

Cómo puede ser que yo mismo le haya abierto la puerta y le haya dado un lugar en lo que, hasta ese momento, era mi lugar, mi refugio, mi espacio personal?

Al principio lo tomé como un miembro más del grupo. Incluso le permití cosas que ni hubiera permitido antes, ni se lo hubiera permitido a otro. Ese fue mi error. Evidentemente confundió permisividad con debilidad y comenzó a atribuirse prerrogativas que no le correspondían.

Ahora es tarde, ya hace tiempo que no nos entendemos. Era sólo cuestión de tiempo para que la situación llegue a este nivel de tensión. Una simple pero elevada contienda de egos. Ni él ni yo estamos dispuestos a ceder terreno. Después de todo, cada centímetro de espacio reclamado como propio nos había costado bastante.

Reconozco que no actué a tiempo. Que cuando debí frenarlo con firmeza, para evitar conflictos que creía innecesarios, lo manejé con demasiada calma y ahora que estamos frente a frente, uno de los dos va a tener que ceder. Alguien se va a ir vencedor y el otro deberá asumir la derrota, tratando de mantener la poca hidalguía que nos deja la derrota pública.

Pero todo lo que pasó, es historia y ya no cuenta. Es aquí y ahora. El o yo. El desafío se planteó y ahora es tarde para echarse atrás.

Si él se mantiene dentro de los límites de mis reglas, todo quedará en paz, pero admitiendo tácitamente que yo soy la ley. Si decide actuar de alguna manera desafiante, voy a tener que actuar con firmeza para mantener mi posición.

Llegó el momento y el tomó la iniciativa: este perro de porquería me volvió a mear el sillón. Para mantener mi autoridad le puse un patadón que voló algunos metros y como era de esperarse mi mujer, por idéntica razón, se la agarró conmigo y defendió al perro.

Ahora sólo me queda una opción: limpiar el sillón porque hasta que me perdonen estoy desterrado al living.

Puede que sea mi imaginación pero estoy seguro de haberle visto una sonrisa sarcástica mientras se alejaba, en los brazos protectores de la super-alfa de la manada.