sábado, 25 de septiembre de 2010

La conspiración al descubierto



Lo descubrí. Tanto tiempo ante mis ojos y ayer lo descubrí. Me tomó un tiempo pero finalmente cayeron las fichas en su lugar.

Ahora sé que debo hacerlo público, aunque puedo ponerme a mi mismo en riesgo.
Ya me había llamado la atención hace tiempo la constante colonización de espacio, pero no lo había relacionado con el otro tema.

A decir verdad creo que la genialidad del plan reside precisamente en que los 2 hechos están tan cerca… que a nadie se le ocurrió unirlos! Brillante. Fría y calculadoramente brillante.

Pero creo que estoy divagando demasiado. Vamos a los hechos: por un lado noté como, sin prisa pero sin pausa, iba mermando la cantidad de cabello en mi cabeza. No pretendo el Premio Nobel por esto. Sé que es algo obvio y que millones de hombres lo viven y sufren a diario. 

Cada vez que me paro frente al espejo voy notando como la migración capilar va dejando despoblada mi cabeza (del lado de afuera, me refiero). Como todo hombre (y millones de dermatólogos lo avalan)  lo adjudiqué a una mezcla entre alopecia genética, stress, factores ambientales, etc. Le apliqué uno de los remedios más tradicionales: la resignación.

Por otra parte, desde que comencé a convivir con quien es hoy mi esposa, noté que mi espacio en el botiquín tendía a disminuir. Nunca fui un maniático de los productos de tocador, pero de todos modos, veía una disminución paulatina pero de tendencia clara. Mi espacio vital era presa de un proceso de colonización por parte de cremas enjuagues, nutritivas, ampollas capilares, revitalizadores, tinturas, etc.

Ayer, cuando buscaba mi humilde espuma de afeitar en la jungla de productos de tocador que no me pertenecen, entendí finalmente la naturaleza de la conspiración. Durante años los hombres nos limitamos a utilizar shampoo y algunos extremistas crema enjuague, pero “para hombres”. Si se nos ocurrió utilizar lociones, eran para la caída del pelo y ahora entiendo que todos estos productos solo aceleraban nuestra incipiente pelada. La industria cosmética, claramente en manos femeninas, nos obligó a utilizar productos capilares que nos dejaron en este estado. Y todo esto sólo con el mezquino interés de justificar la rapaz colonización de nuestro botiquín. Por años nos hicieron creer que “no es de hombres” tener un tocador superopoblado por productos propios a la vez que nos instaban a utilizar productos que propiciaban la caída del pelo. Pérfidas féminas!

Llamo entonces a mis congéneres a ejercer una resistencia activa: si aun tienen pelo, agreguen lociones, cremas, shampoos y todos los extras que quieran y si su cabeza ya está coronada por una brillante calvicie, sumen productos abrillantadores, cremas con protección UV y cuanta cosa se te ocurra, lo importante, amigos míos es mantener la soberanía e independencia de nuestro botiquín.

Algo es algo.

6 comentarios:

  1. Si la crema para la celulitis no te hace efecto para la calvicie, usá la crema de afeitar y corta de raiz con el problema. Te doy mi Boto femenino. jaja.

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  2. Menos mal!! Pensé que me ibas a dar tu BOTOX...
    De todos modos, voy a intentarlo con la crema para la celulitis: la cabeza poceada no garpa.

    Saludos!!

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  3. yo la que uso mucho es la crema pastelera...me da mucho resultado!!!

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  4. Roberto: yo la uso también pero para comerla con lo que sólo consigo hacer crecer la panza y no el pelo.

    Saludos!

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  5. si, es una conspiración sin duda

    desgraciadamente yo ya no puedo hacer nada

    muy buen relato, eres un artista

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  6. Hola Luz de gas!
    Agradezco el apoyo y sobre todo el que me consideres artista.
    Aprovecho para felicitarte por el apoyo a la difusión de blogs que haces desde España.
    Dejame decirte, con respecto al tema del post, que nunca es tarde. Incorpora cremas reales o ficticias pero recuperemos el espacio vital en el baño, aunque sea por las generaciones venideras!!

    Saludos y, nuevamente, gracias!

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