viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuando la inspiración fluye


Me desperté inspirado, casi podría decir que la misma inspiración no me dejó seguir durmiendo.

Fue un momento mágico: abrí los ojos y las palabras fluían. Frenético, llenaba las hojas con una letra urgente e incontenible. No podía parar de escribir y cada palabra se encadenaba con la anterior dando forma al tramado que se iba construyendo.

A tal punto se armaba la estructura, sin grietas, sin resquicios, sin dudas, que en algún momento y como si fuera un Tetris literario, temí que desaparezcan las líneas ya escritas.

Tengan en cuenta que las palabras me surgían más rápido de lo que las podía escribir y aunque parezca raro, tenía que tratar de calmar mi ansiedad y ordenar a mis musas que apacigüen sus dictados a riesgo de perder algún eslabón de tan perfecta cadena literaria.

Y la música… por Dios, la música! Surgía sola como si hubieran sido creadas una para la otra. No hacía falta ajustar los versos o estirar sílaba alguna. Tac, tac, tac… iban encajando y convirtiéndose, para mí, en piezas únicas. Sin ataques de falsa modestia, sabía que por generaciones las cantarían.

Que quede claro que digo esto movido sólo por la emoción del momento: lloré. Lloré y no lo podía creer. Nunca me había pasado. Llorar por tristeza, si; por dolor, también; por alegría y emoción, nunca! Pero el mundo está lleno de sorpresas y, a decir verdad, casi podría decir que lo disfruté. Sólo les pido que olviden esta situación tan pronto como la lean. Uno, después de todo, tiene una imagen que mantener.

Ya más tranquilo volqué a otro papel, una por una, mis creaciones de forma más ordenada para no correr peligro de perder las hojas o de no entender qué había escrito. La urgencia del momento no me permitió tener la más correcta caligrafía y el apuro no ayuda a quienes siempre fuimos catalogados como desprolijos.

Al terminar, releí cada una de las piezas. Increíble.

La combinación de emoción con un claro componente egocéntrico me hizo imaginar a la multitud cantando una a una las canciones que acababa de escribir incluso ante la dolorosa realidad: la mayoría jamás sabrá quién es el autor. Pero aun así, disfrutaba imaginando como crecía el rugido 
de la multitud con el tema que, a mi gusto, sería el más popular:

“Olé, olé, olé
Olé, olé, olé, olá…”

3 comentarios:

  1. Imagine sumarle a eso un "hubeeeer, hubeeeeer".
    Es probable que llore, sí, pero también se le van a erizar los pelos del pubis.

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  2. “Olé, olé, olé
    Olé, olé, olé, olá
    Hubeeeeeer, Hubeeeeer"

    Besossssssssssssssssssssssssss y graciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssss

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  3. Mariano y bibliopeque, cuanto alimento para el sano egocentrismo del que escribe.
    Saludos y gracias!!

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