viernes, 20 de agosto de 2010

Extremadamente cortos pero rendidores



Hace poco leí un artículo acerca de "La cultura Twitter y el fin de la atención" donde se hablaba de nuestra disminuida capacidad de fijar la atención y de cómo esta realidad modifica la forma en que nos comunicamos. (1)


Un poco por esto y otro poco por vaya Dios a saber qué oscuras razones, me puse a escribir historias extremadamente cortas. En una de esas consigo mantener la atención del lector. Puede que no hasta el final de todos los cuentos pero, al menos, hasta el final de cada uno de ellos.


Con ustedes, los brevísimos cuentos:

  •  Despertador
El despertador sonó a horario. El día, con esa chicharra irreverente, había empezado difícil y amenazaba con ser largo y aburrido como todo lunes que se precie. El despertador seguía sonando... Lo apagó y siguió durmiendo. Igual, para lo que había que hacer en la oficina…
  • Recuerdos
–No me dejes, por favor!! Acordate de todo lo que pasamos juntos– imploró él, con una expresión desencajada.
Ella lo miró… en un segundo repasó todas esas cosas que él decía y que, en un principio, la habían enamorado y confirmó que no habían desaparecido, que aún existían… y se fue. No las soportaba.
  • Despedido
–Mire, Rodriguez, lo cité en mi oficina porque su desempeño es bastante flojo. Le doy una última oportunidad. O mejora o deberemos despedirlo. Qué le parece?
Ah! Qué alegría poder finalmente darle vuelta el tacho de basura en la cabeza. Era una manera de poner, literalmente, las cosas en su lugar.
  • Su esencia
La miraba a cierta distancia, tratando de descubrir cuál era su verdadera esencia. Sabía que de alguna manera la podía “etiquetar”, tomando en cuenta su forma de ser y de actuar, su personalidad y lo que despertaba en quienes la conocían. De golpe lo notó. Era como un Quetzalcoatl (2) modificado: mitad loro barraquero y mitad víbora, la muy hija de puta.
  • Honestidad
-Quisiera un mundo sin mentiras – dijo ella, aparentemente muy convencida –Sería excelente que la gente se maneje con sinceridad absoluta y no haya engaños. No te gustaría?
Lo pensé un segundo, traté de imaginarme cómo sería y absolutamente convencido le contesté: 
-No, ni en pedo!
  • Ser feliz
Había leído cuanto libro de autoayuda le llegó a las manos. Podía citar cuanta frase hubiera para cada situación fácil o difícil. Era la publicidad viviente de cómo ser feliz a través de las palabras de otro. Hasta que un día quiso realmente encontrar la felicidad. Tiró los libros a la mierda y se dedicó a ser, simplemente, él mismo. Que lo parió, era mucho más fácil!
  • Abandono y soledad
-Se fue. Me dejó – dijo lacónicamente, con cara de profunda tristeza.
-En serio? Así de golpe?. Contame cómo fue.

-No tengo mucho para decir. De repente no estaba más, se había ido. No se como hacer para que vuelva...
-Bueno, tranqui. No te pongas tan mal. Después de todo era solamente un follower más en twitter. Aflojá…

Esto es todo, por ahora. Deberé esmerarme más si quiero poner los próximos cuentos en 140 caracteres (3).

Saludos!!!

(1) Si las redes cambiaron nuestra capacidad de concentración o fue esta última la que generó modos de comunicarnos acordes a nuestras necesidads, es una discusión que sinceramente me encantaría mantener pero que excede las intenciones de este artículo.

(2) Quetzalcoatl: deidad azteca corporizada en una serpiente emplumada. La adaptación del mencionado Dios Azteca corre bajo mi absoluta responsabilidad y colabora con la trama

(3) Máxima cantidad de caracteres que permite cada mensaje de Twitter

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