lunes, 23 de agosto de 2010

Clavate un combo



De vez en cuando uno comete errores involuntarios. Lo importante es reconocer la culpa y hacerse cargo.

Yo, en este caso, asumo la responsabilidad de haberme metido voluntariamente en un Shopping un día feriado con la irreal intención de ir al cine. El lugar bullía con niños hiperactivos con cara de “apurate/comprame/dame/quiero” y adultos cuyas caras alternaban entre la ternura inocultable y la furia incontenible. Cuánta alegría! Cuánta gente compartiendo y confraternizando! Cuántos empujones, pisotones, amontonamientos, gritos y todas esas cosas que hacen que uno valore cada segundo que pasa lejos de ese laboratorio de análisis sociológicos...

Como era de esperar, las entradas para el cine se agotaron al acercarnos a la caja (por “caja” me refiero al lugar donde se abona y no a la sala en sí, aunque le cabe la definición).

Para darle rienda suelta a mi espíritu masoquista y como corolario a esta salida, en un rapto de inconsciencia, fuimos a comer unas felices cajas de hamburguesas.

Debo decir en mi favor que no fue una decisión caprichosa. Es que, justo ese día, se daba la situación única e irrepetible en que la mencionada casa de “comidas rápidas” entregaba unos juguetes con las benditas cajas. Rarísimo!

Parado ya frente a la caja donde debían tomar mi pedido, debi esperar aproximadamente 20 minutos (reitero, no en la cola sino ya frente al mostrador) hasta que se dignaron a atenderme. Por suerte, el local cuenta con un espacio destinado a la recreación y el deleite de los más pequeños (llámese pelotero) y hacia allí se dirigieron mis hijos  y un amigo de ellos (7, 4 y 6 años respectivamente). Mientras tanto, yo hacía un esfuerzo sobrehumano por no hacerles saber mi opinión, tanto en palabras como por tono de voz y lenguaje corporal. Aparentemente, sin éxito.

Iban pasando los minutos para que la comida rápida y los juguetes que tan gentilmente regala la casa del payasito, se ubicaran en la bandeja. El tiempo pasaba  y ese mágico momento, no llegaba.

Justo en el instante en que parecía que iba a ocurrir, mi hijo menor aparece llorando y agarrando su mano al grito de “me lastimé”: tenía una herida hecha con un clavo que tranquilamente asomaba de la pared del “sector niños”. El clavito, para no sentirse sólo, gozaba de la compañía de otros 2 clavos más. Supongo que para que todos los niños puedan recibir su lastimadura correspondiente, a distintas alturas.

Con la tranquilidad que me caracteriza (casi nula, según ciertas voces críticas), pedí que me trajeran algún elemento para, mínimamente, limpiar y desinfectar la herida. Se movieron con la misma velocidad con que entregan la comida: se tomaron su tiempo para traer un poco de algodón, alcohol y Pervinox. Y yo me lo tomaba con una tranquilidad! La clásica en mí...

Luego de verificar el lugar dónde se había lastimado mi hijo, conseguir que un responsable se acerque y vea los clavos, desinfectar la herida y escribir una nota de queja (toda la operatoria no llevó menos de 30 minutos), volví a ver qué habían hecho con los clavos y… seguían ahí! 

Se me ocurrió pedir que me informaran qué iba a hacer la Empresa para indemnizarnos por semejante desidia e irresponsabilidad. Como única respuesta, cantaron los grillos.

Días mas tarde, en los que seguramente debieron analizar las posibles opciones, llamó la responsable del local. Con mucho orgullo y voz de "mirá lo que te conseguí" me avisa que "ya sacamos los clavos y están invitados a almorzar o cenar cuando quieran. AH! y si tiene la factura le podemos reintegrar el costo de la antitetánica” (sic).

Me podría tomar varias páginas poner en palabras lo que pienso, pero me parece que está claro. Seguramente el payasito de la sobrealimentación y la alegría infantil no lo leería. Debe estar bastante ocupado ideando atípicas formas de diversión…

Creo que le dieron un giro inusual a la pregunta “No te clavarías una hamburguesa?”



5 comentarios:

  1. Todas las veces que terminé vociferando en "Hamburguesas Krusty" resultó en grillos cantando como vos decis, el asunto es que el personal de turno NO tiene el coeficiente intelectual como para dar una respuesta coherente, no es que no quieran hacerlo.
    Pensá que comiendo Krusty Hamburguesas caen en desnutrición, son adolescentes, están en pleno crecimiento!!!!
    Un abrazo Huber!!!
    Dami

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  2. Dami querido!!
    Ya te extrañaba.
    Estos muchachos son la prueba viviente de lo que puede hacer la mala alimentación en la etapa de formación.
    De todos modos, alguien se tendría que hacer cargo desde "la Empresa".

    Saludos!!

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  3. No se quejen, al final les dieron un 2 x 1: el clavo + la hamburguesa!

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  4. Muy buena descripción de la tortura voluntaria a que solemos someternos. Cierta vez, mi hijo pequeño se lastimó la mano en la góndola de un afamado supermercado de origen francés. En el mostrador de "Atención al cliente" me señalaron dónde quedaba el quiosco que me vendería una curita. Ocurrió que el quiosco no tenía cambio y yo tampoco. Tuve que recurrir, ya con furia, al empleado de seguridad (que resultó que tenía más neuronas que los demás) para conseguir que me lleven a la enfermería...
    Carlos Marenco

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  5. romina: no vaya a creer, vea. Encima me lo querían cobrar!! Y lo peor es que el clavo venía sin juguetito. Yo quería un kit de enfermería...

    Carlos: mi duda es, además de por qué seguimos voluntarizándonos a esto (culpas de alguna vida pasada que estamos purgando en esta??) por qué insisten en tener un Depto de Atención al cliente si ni te atienden ni te consideran un cliente.

    Saludos!!

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