jueves, 1 de julio de 2010

Ritos tribales



Uno de los principios básicos de la Sociología y la Antropología nos induce a no ver las actitudes y rituales de etnias y/o épocas diferentes extrapoladas bajo la perspectiva de nuestra propia época y cultura. El relativismo cultural plantea que lo que para unos es sorprendente, extraño y hasta repulsivo es, para otros, una consecuencia natural de sus usos, ritos y costumbres.

Uno de los grandes antropólogos e historiadores es, sin lugar a dudas, el conocido Shicker von Bosckstout. En las notas que dejó acerca de sus constantes estudios e investigaciones, pudimos rescatar este interesante análisis.
Es uno de los casos más sorprendentes que la antropología nos puede brindar pero no pudo desentrañar el principio que movió a esta tribu a realizar semejante ritual: el Oirosac.

Les dejo las notas de von Bockstout, tal como me han llegado, para que ustedes saquen sus propias conclusiones:

“La tribu realizaba, de manera constante, el rito del Oirosac. Este rito se preparaba con mucha antelación y se extendía por horas. Previo al inicio, los que iban a participar del mismo se preparaban con atavíos especiales y realizaban en sus cuerpos marcas que iban desde dibujos y pinturas, cambios en sus peinados y hasta modificaciones que exigían cortes y agregados artificiales para “estar a la altura” del evento.

Todo comenzaba con la declaración pública de los anfitriones de su voluntad de realizar el Oirosac. Una vez hecho esto comenzaba una seguidilla de rituales secundarios que llevaba a que los miembros de la tribu que participaban fueran entrando en un trance progresivo y creciente. El mismo es producto de la ingesta de alimentos y brebajes estimulantes, acompañados de danzas rituales, muchas de ellas con movimientos predeterminados, que los iban induciendo, entre otras cosas,  a perder la noción del tiempo transcurrido y hacer desaparecer los tabúes.

Muchos de los participantes eran agrupados de acuerdo con intereses comunes. A veces el criterio de asociación dependía de la percepción de los organizadores, generando no pocos roces en el momento del Oirosac.
Con el correr de las horas se notaba el deterioro externo: los ropajes ya no estaban en el estado original, tampoco los peinados y mucho menos las pinturas rituales que, en muchos casos se iban rehaciendo con el correr de las horas sin lograr por lo general acercarse al estado original.

Los participantes de mayor edad intentaban demostrar los más jóvenes de la tribu que aún estaban en condiciones de mantener la energía durante todo el ritual. Casi mayoritariamente, debían abandonar sea debido al exceso de alcohol o de años. En ambos casos el resultado era una serie de movimientos inconexos y extraños o declaraciones a voz en cuello fuera de lugar realizados ante todos los participantes, generando momentos de vergüenza para sus allegados (y para él mismo al recordarlo).

Llegado el momento cúlmine y ante una serie de sonidos específicos, los que aún se encontraban en condiciones de hacerlo se arrojaban al centro del lugar y comenzaban a moverse en una danza ritual. Sin ningún tipo de inhibición y utilizando ornamentos externos que en muchos casos ocultan sus facciones, se entregaban a este frenesí extático. Es durante este momento que, ante la sorpresa de quienes participamos como observadores y como si existiera una llamada interna, los que aún pueden moverse se alinean en una fila. Quienes lideran este movimiento son, por convención, los anfitriones del Oirosac. Serpentean y se mueven al ritmo de los sonidos que, a esta altura son casi ensordecedores. La fila recorre el lugar e intenta sumar (arrastrar) a todos los presentes. Quieran o no. Muchos acceden al pedido, que más podría ser considerado como una imposición y se suman a fin de no pasar el escarnio de la negativa pública. Pese a que ya no tenían fuerzas o no querían participar, todos en la fila ostentaban amplias sonrisas aunque, luego lo supe, la mayoría odiaba la situación.

Sobre el final y con la intención de bajar el nivel de locura generado, se bajaba de golpe tanto el volumen como el ritmo de los sonidos y se servía un último plato de comida a los participantes.
Los anfitriones desarrollaban una especie de competencia para demostrar que habían organizado el Oirosac más impactante y descontrolado.
 Así como lo describo, participé  muchas veces, las más como observador, y aún así no entiendo el ritual!!”

Releyendo el texto de von Bockstout me sorprende ver lo parecido que es este ritual a un casorio con carnaval carioca y trencito incluído…

Saludos!!! 

5 comentarios:

  1. Mire, Huber, casi casi lo dejo por la mitad... menos mal que seguí leyendo sólo por saber cómo lo iba a cerrar!
    Es cierto, ha cada tribu con cada costumbre!!

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  2. Ja, ja!!
    entre vos y el Pirulo de recien me mataron.

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  3. Dr. Pirulo, sus palabras me conmueven... espero que siga visitando y comentando.

    Diego, ni Dio permita!!! Como lo vamos a matar??? Ahora, si deja de aparecer...

    Saludos!!

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  4. Asi que Shiker von Bockstout???? ja, ja, ja
    Demasiada sutileza, Huber.

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  5. A la mierda!! visto de esta manera... somo realmente una tribu primitiva.

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