martes, 4 de mayo de 2010

Un crimen anunciado



Cómo no me di cuenta al verla? Era (es, en realidad) una criminal. En retrospectiva parece tan evidente que hasta me da vergüenza mi falta de previsión. No por nada en especial, simplemente por boludo.

Uno realmente cree que la experiencia te vacuna contra este tipo de sorpresas a la vez inesperadas y extremadamente anunciadas. Es la confianza en esa misma experiencia la que adormece los sensores que deberían alertarnos al detectar las señales, clarísimas por cierto.
Pero no lo vi venir. La dejé actuar sin percatarme que veníamos en un movimiento uniformemente acelerado hacia un desastre.

Ya el tema de conversación marcaba una clara tendencia. Alguien debería haber hecho algo, deteniendo ese correlato de barbaridades que se sucederían, sin solución de continuidad hasta el desenlace, previsto y anunciado, que ahora lamento.

Evidentemente es más inteligente de lo que nos quiso hacer creer. Estoy (ahora) seguro que fue una máscara para que nos dediquemos a escucharla en automático y dejemos de prestar atención a lo que realmente ocurría. Como ya dije, a veces no se si sufro de déficit atencional. Y por lo tanto, caí en mi propia trampa: automaticé mis respuestas y la dejé hacer, hasta que fue muy tarde.

Directa metódica e inexorablemente perpetró su crimen mientras los demás... nada!. Sólo pudimos leer su nota y, tarde por cierto, entender lo que había ocurrido: “Ase mucho que no la paso tan barvaro, estubo todo rejenial. Grasias!”

Y asi, con total impunidad asesinó al lenguaje. 

Una criminal idiomática, sin más.