martes, 13 de abril de 2010

Los sonidos del silencio



Yo sufro de un caso muy complicado de incontinencia: incontinencia verbal.

Creo que siempre fui así. Imaginen lo que fue en mis "años mozos": mis amigos, al momento del levante, recibían respuestas del estilo: “OK, lo que quieras pero seguí hablándome asi!!”. Ellos poseían el don de las palabras influyentes.  La frase que yo solía escuchar era: “OK, lo que quieras pero callate!!”. Lo mío eran las palabras fluyentes.

Por suerte para los detractores de mi verborragia sucede que a veces, sólo a veces, me quedo sin palabras. Son momentos que algunos atesoran como únicos e irrepetibles. Una de ellas es mi mujer. Si me callo unos segundos, son los segundos que más disfruta. Incluso es capaz, en esos momentos, de mirarme casi con el mismo cariño con el que mira  y trata al perro de la casa. Y eso que yo no meo ni el sillón ni la cama… Pero parece que el control de la palabra merece tanta atención como el control canino de esfínteres. Es más, ahora entiendo por qué tiene un CD que yo pensé que estaba vacío. Pero no: está grabado con mis silencios y lo usa como mantra para meditar. Dice que nada la relaja tanto como cuando yo me callo.

Como algunos de ustedes saben, y los que no se están enterando ahora, yo soy comediante de stand up. Si hay alguien a quien le debo agradecer por haber entrado en este género es, precisamente, a mi mujer. Ella fue quien me dijo “Hablás, hablás, hablás… por qué mejor no le hablás a alguien que quiera escucharte? Y, de paso, hablá de algo que a la gente le resulte fácil reírse: hablá de vos!!”. Ella es asi: mi apoyo incondicional.

Lástima que no es sólo mi mujer la que opina eso. También el Sr. M (nombre ficticio para que Miguel no sepa que hablo de él) opina que hablo demasiado. De acuerdo a sus quejas, mi resumen de una película de 90 minutos, no toma menos de 3 horas. Habrase visto, tamaño desparpajo! Quejarse simplemente por ser detallista en mis descripciones. Evidentemente soy un incomprendido.

Tratando de entender el por qué de esta conducta comencé una búsqueda personal que me llevó a consultar a mi madre por este tema. La llamé. Varias horas mas tarde, al cortar el teléfono descubrí que soy verborrágico por parte de madre. 

Y con la genética no se puede luchar. Con mi madre, tampoco. 

8 comentarios:

  1. excelente como siempre!!

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  2. Cago e' risa Huber!
    Mi jermu siempre "quiere hablar" pero si yo hablo me pide qeu me calle...

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  3. Anónimo 1: Muchas gracias!!!

    Alejo: es la verdadera y triste historia del hombre incomprendido que no se le permite explayarse. A vos y a Anónimo2 (al que por su "Te odio" ya lo identifico) les cuento que me hacen acordar a un post (y monólogo) anterior:

    http://pensandofuerteyclaro.blogspot.com/2009/10/la-nada-misma.html

    Saludos!!

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  4. Genial! Absolutamente genial.
    Me identifico.

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  5. Habia necesidad de llamar a tu marre para saber que es genetico? :)
    Por lo menos sabes que hay quien te gana!
    THP(II)

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  6. THP (II): lo hice sólo para oder echar culpas justificadas y deslindar responsabilidades. Ahora que lo pienso, eso no será también genético????
    Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhgggggghhhhhhhhh!!!!!

    Saludos!

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  7. Nunca se te ocurrio escribir un libro?, o varios, vos veras

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  8. Hola Diego!
    Por ahora se me ocurrió escribir un blog. Después veré.
    Saludos!

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