viernes, 23 de abril de 2010

De adicciones y visiones



Soy adicto. Una adicción en la que fui cayendo de manera lenta e inexorable. Si, como suele ser en estos casos, decido patear la pelota afuera y decir que la culpa de mi adicción es de otros, sin dudas culparía a mis padres. Tanto trataron de alejarme que cuando me encontré finalmente con el objeto de mi adicción, ya no pude despegarme. Pasó a ser no una necesidad, sino parte de mí.

Me costó reconocerlo como adicción. Yo, como supongo le sucederá a todos los adictos, entendía esto como una necesidad orgánica y me engañaba pensando que era yo quien decidía cuándo y dónde. Hasta que entendí que la relación de fuerzas había cambiado: pasé de ser conductor a conducido, de buey a carreta. Dejé de decidir la hora del día en que arrancaba y cuál sería el momento en que debía parar.

Mientras estudiaba, estaba enganchado. Me despertaba ya compartiendo mis primeros minutos del día con mi adicción. Me atontaba, me cegaba, cuando estaba en plena dependencia, mi atención quedaba totalmente bloqueada. De lo que me rodeaba ni distinguía ni voces ni, sonidos, ni… en fin, nada.

Cuando durante un tiempo tuve una abstinencia forzada, iba a la casa de amigos donde, por lo menos en pequeñas dosis, podía calmar el síndrome.

Si bien desde que fui entrando en esto, cada vez hay más oferta, lo que se consigue es de baja calidad y hay que rastrear para poder encontrar algo que no resulte tan nocivo. Pero es tanta la necesidad que generalmente uno baja las expectativas y lo que hay, sirve.

Asi que hoy, aprovechando esta herramienta, lo reconozco: soy adicto a la tele. Si no hay una TV cerca, me vuelvo loco. Necesito tenerla prendida y saber que está.  Soy incluso capaz de poner un partido de futbol… (Créanme, esto es un recurso extremo). Sin la tele me falta algo. Incluso cuando me quejo, protesto y puteo porque “no hay nada para ver”, la dejo prendida en esa mismísima nada. Es más, llego a tal grado de abstracción que me podrían operar sin anestesia, sólo con la tele prendida. Siempre y cuando no hagan mucho ruido y pueda escuchar el programa que esté mirando.

La gente que nació en la época del cable, no sabe lo que un adicto como yo tuvo que pasar. Imaginen que, cuando era chico, quedarse en casa y prender la tele implicaba una larga espera de nada hasta que se hacía el milagro y aparecía… “Telescuela Técnica”: 2 chabones con guardapolvos grises hablando de mecánica, tornería, carpintería… una mierda. Y luego, espera mediante, los precursores de MTV: la señal de ajuste con música de Ray Coniff o similar de la misma categoría.

Sólo llegando al límite de la paciencia uno podía disfrutar de “Los tres chiflados” o “El Zorro”. Llegué a la conclusión que no es que sean tan buenas estas series sino que, dada la alternativa, gozaban de amplias ventajas comparativas. Tristes y monocromáticas épocas, sin cable y con sólo 4 canales (5 para los afortunados que podían agarrar canal 2) y además había que pararse para cambiar de canal, acción hoy considerada cuasi blasfema. Épocas donde tener buena imagen implicaba varios y vanos intentos de redirigir la antena para que, una vez que se veía razonablemente bien tengamos que dejar a la abuela haciendo contacto, a riesgo de perder la “correcta sintonización”.

Cómo no adorar entonces la variedad de oferta y la extensión horaria que estos días nos regalan? Adicionalmente, para los que somos quejosos por naturaleza, nos da la opción de criticar muchas más cosas en mucho menos tiempo. Cuándo en la historia reciente pudimos ver tanta boluda con aires doctorales? O tanto pelotudo con chapa de opinador experto? Porque, convengamos que si bien la oferta es amplia en cantidad de canales y amplitud horaria, se diluyó la calidad en la cantidad. Estamos como si un heroinómano, que generó su adicción con merca de la buena pero poca, se encuentra de golpe con toneladas y toneladas… de paco.

De vez en cuando alguna joyita nos devuelve la esperanza. Cuando eso ocurre, lo tomo con calma, lo disfruto y trato de no acostumbrarme. Igual, la tele sabe darnos un golpe de realidad con una efectividad pasmosa.
De todos modos, mala o buena, repetitiva o novedosa es una adicción de la que no puedo (quiero) salir. Se que tengo a mi alrededor gente que critica no sólo mi adicción sino que además la comente con vehemencia verborrágica. Es gente que nunca me vio sufriendo el síndrome de abstinencia. Ahí si que me pongo insoportable.

Por ahora los dejo, empieza una maratón de “Brady Bunch” seguido por otra de “Supershow infantil” con un reportaje a la mona Margarita. Para mañana me guardo la retrospectiva sobre el Padre Lombardero...

6 comentarios:

  1. ¡Ah, las épocas en las que sobre el televisor había una papa con una aguja de tejer atravesada o, si se conseguía, la figura del Telepibe! ¡Y el estabilizador! ¡Y el puntito que quedaba cuando se apagaba! ¿Y el zapping? Cuatro movimientos: trac-trac-trac-trac, uno más en caso de que se pudiera sintonizar canal 2 o por decirlo correctamente Tevedos. Pero no exageremos Huber, había unas cuantas cosas más: Ultraman, con unos monstruos que eran como el abuelo de Godzila, Astroboy, el pato Saturnino, que era el antecedente más pobre de Babe, el chanchito valiente, ¡y los héroes de Marvel Comics!: Thor, El hombre de acero, Namur el príncipe de la Atlántida (que no era el turrón, que además tenía su propaganda que decía "Diablo, diablo qué rico turrón, Namur, el millonario, millonario del sabor.." pero eso es otra cosa), Hijitos, Calculín, Batfink, y las series menos recordadas: Cuero crudo, Los novatos, Los protectores, Dos tipos audaces (esa no es tan poco recordada), y hasta las telenovelas que mirabas a la tarde con tu madre.
    Somos muchos los adictos, tal vez, privilegiados, que por tener poquitos canales, guardamos en la memoria tanta voz y tanta imagen

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  2. Carlos: es por todo eso y algunas cosas más (El Gran Chaparral, Bonanza, los Looney Tunes, Carlitos Bala y tantos otros) que uno tiende a preferir poca y de la buena y no grandes cantidades de "Paco TV".
    Gracias por hacerme acordar de muchas cosas que creia olvidadas.
    Un gran abrazo!!

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  3. Vos fijate además que interesantes diferencias:
    1) Antes tenías que esperar que el televisor caliente un poquito para arrancar...ahora te ponés el canal venus para calentarte

    2) Tenías que levantarte a ajustar el vertical...ahora te quedás haciendo el zapping en la horizontal

    3) Antes tenías la famosa papa de carlos...ahora te clavas un pollo con papas mirando la tele y la pantalla está llena de huevos parlanchines.

    4) Antes terminaba la transmisión y venía la famosa "lluvia", o sea ausencia de señal que te lavaba la cabeza si la mirabas más de diez minutos, ahora queda la iglesia universal que también intenta lavarte la cabeza

    5) Antes la transmisión terminaba, ahora te gustaría que termine para no tener que seguir escuchando una y otra vez a un portorriqueño diciendo...."LLAME YA!!!!"

    Un abrazo Huber,
    Dami

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  4. Dami: simplemente maravilloso. Con comentarios como los tuyos y los de Carlos, es un placer escribir un blog.

    Gracias y saludos!!

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  5. Yo tmb. soy adicta a la tele y no lo puedo evitar!!... Tmb. necesito tenerla prendida aunque no me interese realmente lo que están pasando...
    Creo que es porque nosabemos disfrutar de la soledad, ¿no les parece?
    Pero, x otro lado, creo que no es es eso tmpco. xque me gusta estar sóla, pero CON MI TELE!!...

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  6. Anonima querida: tele y soledad no son cosas que se excluyan mutuamente.
    En cuanto a que no te interesa realmente lo que ves, es mucho mejor: le das rienda suelta al quejoso que todos llevamos dentro.

    Saludos!

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