miércoles, 24 de marzo de 2010

Historia a medias



Cuando lo conocí, parecía un buen tipo. Un tanto parco y poco comunicativo, pero buen tipo.
Me llamaba la atención que nada jamás le pareciera lo suficientemente gracioso como para reirse. A lo sumo, y eso sólo si no había escapatoria, esbozaba media sonrisa. Debo confesar que me chocaba. Por naturaleza disfruto del humor y cuando algo me parece gracioso, soy de carcajada sonora. Hasta llegué a creer que mi risa tenía personalidad propia. Por eso este tipo no me terminaba de cerrar. Insisto, un buen tipo, alguien con quien valía la pena compartir el ámbito de trabajo pero, a mi gusto, con una seria falta de humor. Como pasa generalmente cuando uno cambia de trabajo, con algunos te seguís viendo y con otros no. El pertenecía a este segundo grupo.

Un día, años después, de improviso me mandó un mail. Un mail de esos con múltiples destinatarios. Nada personal, aparentemente. Mi primera reacción fue borrarlo, como hago siempre que me llegan esas cadenas que muchos insisten en mandarme. Pero, por suerte, en esa fracción de segundo que queda antes de apretar “delete” algo me frenó. Y lo leí.

Era un relato detallado de algo que le había pasado hacía unos pocos días. En el mail me enteré que era hijo de desaparecidos, que por suerte para sus abuelos había permanecido con ellos y que su nombre era SU nombre y no uno inventado por quien impone un nombre y roba una identidad. Y lo más importante: que lo había contactado un amigo de sus padres, con mucha necesidad de reencontrarse con una historia personal trunca.
Contaba en el mail de cuantas cosas nuevas se había enterado a través de este nuevo/viejo conocido. Tuvo la oportunidad de reconstruir la historia de sus viejos desde el lente de quién los había conocido como sólo los amigos de la adolescencia te pueden conocer. Y se descubrió más parecido a ellos de lo que nunca pudo saber o imaginar: en actitudes, posturas, intereses y pasiones. Recuerdo leer el mail y emocionarme con cada parte del relato: la llamada, el encuentro, el revisar fotos antiguas…

Había dejado de verlo hacía algunos años, pero tuve la necesidad de llamarlo y encontrarme con él. Un café de esos que los porteños sabemos estirar, cuando la charla lo amerita.

Lo vi muy bien. Conmocionado pero bien. Distinto, había en él algo distinto. Sin poder parar de hablar de su reencuentro que era simplemente, como dijo durante ese café compartido, reencontrarse con él mismo, con una parte de su identidad que no conocía. Yo sabía que había algo más: se había encontrado con el humor y  con la carcajada sonora que, según ahora sabía, era idéntica a la de su padre. Pero había algo más: había encontrado la media sonrisa que le faltaba.
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Dedicado a los 30.000 desaparecidos y sus familias, a los que aun no pueden disfrutar de su verdadera identidad y a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que no aflojan y abogan por la plena vigencia de la Memoria y los DERECHOS HUMANOS y porque podamos finalmente construir un país sin antagonismos pero con Memoria, Justicia e Igualdad.




12 comentarios:

  1. Mi voto por tu homenaje y por aquellos que no están.
    Beso.

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  2. Gracias por tu voto. Sumemos Memoria y alcancemos Justicia.
    Saludos!

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  3. Buen relato Huber... cala en lo más profundo del cuore...
    X suerte no viví esa época, pero sigo apenándome x cada historia que leo o escucho x ahí... Dios quiera que no vuelva a pasar jamás.
    ¡Saludos!

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  4. me encanto!!!!!!
    ahora que te descubrí te seguiré! un besito con MAYÚSCULAS!

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  5. Hola.

    Antes de nada, perdona que te escriba esto como un comentario, pero es que no vi tu email en el tu blog

    Soy el webmaster de publizida.es



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    Muchas Gracias por tu tiempo... y disculpa si no fue la mejor manera de darme a conocer.



    Un saludo.



    DAVID T.

    Webmaster de Publizida.es

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  6. Te mando un gran saludo y un deseo de éxitos en
    todo lo que emprendas.

    Cordialmente, Jorge de Monte Grande,Pcia.Bs.As.

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  7. Claudia, nicol, Jorge y Anónimo: disculpen la demora en agradecer sus comentarios pero estuve offline por unos días.
    Gracias por comentar y sumarse a PFyC!!

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  8. lo leí tarde, muchas veces leo tu blog y no escribo para no parecer que siempre tengo que decir algo...pero en este caso lo hago igual
    Me gustó mucho lo que escribiste, como cuando escribiste lo de la negra sosa...excelente

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  9. Rober: ante todo gracias por tu comentario. Rompe con el temor al prejuicio del que "siempre tiene algo para decir" porque es cierto: tenés mucho para decir y al que le jode que se joda. Por la experiencia que tenemos de la radio, de los escenarios, etc. tus comentarios son un excelente disparador y un mejor espejo. Espero que sigamos compartiendo ámbitos creativos.
    Abrazo!

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  10. MUY lindo texto Edy! Muy linda la historia que contás, sobre justamente, una parte de la historia argentina tan tremenda.

    Debo confesar que ya leí alguna otra de tu blog sin dejar comentarios, pero sé que a los "bloggers" (suena horrible)como nosotros, nos gusta que nos dejen comentarios. Y acá estoy, para hacerte el aguante y seguir leyéndote.

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  11. Gracias!
    Me alegro que te haya gustado y si, me gusta que me dejen comentarios. Es el único termómetro que uno puede tener de lo que escribe. Asi que: a comentar!!
    Saludos!

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  12. Claro que sí Huber, gracias a ellas y a ellos tenemos esta democracia.

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