viernes, 26 de febrero de 2010

Un compendio de nostalgias


Algunos de nosotros vivimos durante algún tiempo fuera del país. Otros lo siguen haciendo y algunos lo harán en el futuro, de manera temporaria o permanente.
Están quienes se fueron por razones laborales o de estudio. Hay quienes las distintas situaciones políticas los llevaron a otras costas y quienes quemaron los últimos cartuchos antes de la miseria y partieron a buscar una salvación económica. El abanico de emigrados es enorme, variado y claramente heterogéneo.
Hace unos días en el blog de un amigo se planteó el tema de los emigrados y ese encanto especial que nos produce Argentina. El post era muy bueno, pero el debate en los comentarios fue impactante. Hubo mucha discusión, acalorada por cierto, y posturas muy dispares.
Pero, más allá de la discusión, creo que hay un punto que nos iguala, nos une, nos aglutina. Hay un elemento democratizador que hace resonar en nuestras conciencias el conocido “el pueblo unido…”. Este punto es Su Majestad EL ALFAJOR.
Nadie que haya vivido fuera de Argentina puede negar que la llegada de una caja de alfajores relegaba a un segundo plano cualquier otro evento, noticia e incluso la visita del mismísimo portador de la ansiada caja.
Y es que sólo para un argentino un alfajor es más que una golosina. Esos 50 gramos de magia pueden ser un compendio concentrado de cuanta nostalgia por el terruño haya estado dando vueltas. Un alfajor es, para el emigrado, la caja de Pandora de los recuerdos.
Un ejemplo? Como no: sólo la sensación del papel metalizado en los dedos y sentir el aroma, nos remite a los viajes a Mar del Plata, cuando vivir fuera de esta ciudad era, a su vez, una especie de “exilio alfajoril”. Recuerdo que uno pasaba durante las vacaciones, varias veces por los locales a comprar los alfajores “de a uno”, pero ya entrar a comprar las cajas era síntoma claro del inminente regreso.
Hoy ya no es así. Ahora en cualquier esquina te chantan un local de la marca marplatense y todos los kioscos se superpoblaron de hijos no reconocidos del mencionado patriarca de los alfajores.
Pero volviendo a los emigrados, la llegada de los alfajores tiene un lado oscuro. El preciado tesoro despierta el listado completo de los pecados capitales:

  • Lujuria: si algún argentino/a emigrado/a, convida un alfajor… sus intenciones son claras y el tema termina en la cama. Caso contrario ver el siguiente punto.
  • Ira: como se menciona en el punto anterior, cuando el/la convidado/a no retribuye con una buena revolcada el convite. Puede darse también en quien no es convidado o, aún peor, en quien recibió alfajores de “segunda marca”. Blasfemia!!!
  • Gula: si no te frenan a tiempo, la docena vuela antes de pronunciar la palabra “alfajor” (es sabido que no se debe hablar con la boca llena). Tengo mis dudas si esto es gula o hedonismo.
  • Avaricia: la caja recibida se ubica en el lugar más recóndito y oscuro de la casa, como el tesoro más preciado y oculto.
  • Pereza: para qué voy a salir de casa si me puedo quedar comiendo alfajores?
  • Envidia: sentimiento común que se genera en quien no ha recibido este regalo y sabe que no será convidado a degustar ese pedazo de cielo e forma de golosina.
  • Soberbia: es clara y notoria en el que recibió su caja de alfajores. Camina distinto, se mueve distinto y mira a los demás emigrados con un aire de superioridad que promueve el punto anterior.
Más allá de lo que genera, no cabe duda que el alfajor es un símbolo claro dela argentinidad, no menos que su componente esencial, el dulce de leche, y que el mate.
Y yo, humildemente, propongo que ante los inminentes festejos del bicentenario, deberíamos aggiornar  los símbolos patrios y que, aunque sea como escudo alternativo, el mate y los alfajores deberían tener un lugar preponderante. Lugar que ya ocupan en el corazón y el estómago de los argentinos.


Fotos:

9 comentarios:

  1. siempre con cuentos gastronómicos...sos un gordito de corazón
    me conmoviste huber
    dami

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  2. A juzgar por mi figura, si es como vos decís, tengo el corazón en la zona abdominal...
    Abrazo!!

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  3. puedo convidar cualquier cosa....menos un alfajor havanna (y la coca cola comun bien fria para acompañarlo..)
    ruti

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  4. Recuerdo esas vacaciones en tu depto en Mar del Plata :-) Disfrutando los alfajores y descubriendo Mafalda :-)

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  5. Ruti: es que los alfajores Havana no se convidan, se utilizan como moneda de cambio para transacciones donde el dinero no alcanza.

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  6. Hugo: inolvidables las vacaciones, los Havana y Mafalda. Esas son las cosas que le dan a los alfajores ese valor agregado que ningun otra golosina puede alcanzar.
    Te mando un gran abrazo. No sabes cuantos recuerdos se dispararon por tu comentario.

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  7. Empezamos ? desde cuando el dulce de leche es argentino y no uruguayo, y del alfajor ni hablemos, cuando vengas y recibas una caja de Peninsula hablaremos...

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  8. Para mí el verdadero símbolo de la Argentinidad debería ser el "Comprimido Aguila". Nunca existió en ninguna otra parte del mundo, si lo apretabas un poco se hacía polvo y ya hace rato que no existe...


    Ah! Y no hay nada que yo extrañe más!

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  9. Yo, pelando DNI antiguo, incluiría a los "Carambones Mu Mu" que eran unos enormes caramelos de leche, clásicos de cine de barrio: un caramelo duraba casi una película completa. Los primeros 15 minutos eran sólo para empezar a mover las mandíbulas. El paraíso de los dentistas!!
    Pero igual, al día de hoy, quienes están afuera creo que no no le cederían el primer puesto a ninguno que no sea su majestad, el alfajor.
    Abrazo!

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