martes, 17 de noviembre de 2009

Es culpa del público




Siempre que la cosa no funcionó, que un monólogo no gustó o que simplemente, sólo cosechamos unas sonrisas de compromiso, la culpa es del público. Rara vez se escucha una sincera autocrítica.
Nos cuesta, seamos realistas, aceptar una falla propia y es mucho mejor definir que la pelota quedó del campo contrario. Después de todo, el público es ese gran imponderable que esta fuera de nuestro control. Salvo que nos vaya bien, en cuyo caso nos arrogamos la  absoluta responsabilidad.
Por lo general las razones de esta falta de éxito (fracaso, jamás!) se adjudican a:

  1. El público estaba frío: claro, se olvidaron de encender la calefacción y esto llevó a que no respondan con la efusividad que el público hubiera deseado. Internamente se estaban desternillando de risa. Lástima que no lo pudieron expresar. Una simple cuestión climática.
  2. El presentador no los preparó bien: cómo se le ocurre? No era su función avisarles que deberían reírse si o si del material que vendría a continuación? Seguro que es pura envidia porque sabe que su monólogo no es tan bueno como el mío… que ambiente jodido, el de los comediantes.
  3. Era un público muy chato, muy superficial: y mi material era una tragedia griega con claros visos psicoanalíticos y profundas referencias a la literatura francesa del renacentismo? Si Platón la pegó con los Diálogos, por ué yo no la puedo pegar con los monólogos? Un poco de humildad, gente!!
  4. No se conectaron con el material: les habrá resultado difícil encontrar el enchufe. O la gracia …

Seamos sinceros: a veces (no se asusten, sólo digo “a veces”) es uno mismo el que no se conectó, el que estaba frío, el que no vino bien preparado y que no supo armar un material acorde al público que iba a tener. Y está bien que de vez en cuando eso nos pase. Es un golpe de realidad que, si lo sabemos capitalizar, podremos tener mejores presentaciones a futuro.
Y si no, seguiremos utilizando nuestra imaginación para elegir nuevas y diferentes excusas que hagan recaer la culpa sobre el público que es, en definitiva, el principal responsable de nuestras apariciones sobre un escenario. Ellos y nuestro no reconocido, jamás asumido y nunca bien ponderado egocentrismo…


7 comentarios:

  1. Huber:
    Coincido 100% con vos en que siempre está en manos del comediante la posibilidad de hacer reir más y mejor.
    Sin embargo, me parece que hay cierto toque de realidad en el hecho de que el público es superficial, o está frío o el presentador no es tan bueno. Y ahí es donde la diferencia puede hacerla el comediante, es más. Me animaría a decir que es la diferencia entre un gran comediante profesional y un amateur.
    El amateur tiene sus cartuchos, los dispara, si sale bien bárbaro y si no, es el público.
    En cambio el profesional es capaz de dar un golpe de timón justo a tiempo y convertirse en la estrella de la noche.
    No soy profesional, y por eso en lugar de un buen golpe de timón, voy a putear al público y cagarlo a tiros hasta que se rían, o se ríen o será un río de sangre, maldito público!!!!!!
    Un abrazo Huber...soy yo...el que odia todo

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  2. Coincido. La diferencia la puede hacer un buen comediante, uno que tenga lectura del publico y no se cierre al texto sin desvíos.
    Y no seas tan modesto, firma con tu nombre!!! (o le cuento a la madre naturaleza...)

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  3. Culpas compartidas si no se ríen.

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  4. Si, aunque sea por lastima una simple sonrisa cómplice...

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  5. muy pero muy bueno este blog...

    como te sigo, no veo el cuadrito de seguidores

    solo el de networked

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  6. Vir, muchas gracias por tu comentario. Podes suscribirte, sobre el final de la barra lateral.
    Me alegro que te guste el blog y... cuidado al cruzar!

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  7. Vir, una correccion: para la suscripcion ahora lo puse arriba y para seguir el blog, esta a continuacion de Networked.
    Saludos!

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