viernes, 27 de noviembre de 2009

Escondidos detrás de las palabras.



No es novedad que el lenguaje  nos ayuda a esconder en una pila de palabras de sonido agradable, una gran cantidad de actos o cosas de las que preferiríamos no hablar.
Y ejemplos no nos faltan: desde el cuasi inocente y hasta gracioso “tránsito lento”, utilizado para enmascarar una tremebunda constipación, hasta el moralmente obsceno ha sido una falla administrativa por el ejercicio indiscriminado de actos de corrupción. Claro que la gama es amplia y  dentro de ella,  cantidades de estas pequeñas trampas idiomáticas nos ayudan a sentirnos mejor con nuestras acciones diarias o nos permiten disfrazar, con absoluta pátina de justicia, ciertas posturas… bueh, que si las describo debería apelar a otro eufemismo para que no se me ofendan, vio?
Vamos a algunos ejemplos con su pertinente traducción.
  • Naturaleza sedentaria: cultor consuetudinario de la fiaca, ni en pedo te corro una cuadra. Como deporte prefiero “extracción de pelusa umbilical” a nivel olímpico.
  • Sentirse hinchado: me sacudí solito una parrillada completa, con un totin medio pelusa y 2 porciones de fritas. No me quedó espacio ni para respirar y ahora le voy  dar rienda suelta a mi “naturaleza sedentaria”.
  • Tomarse un tiempo: otra forma de decirle “no me jodas por un tiempo…” o "no te toco ni con una rama de bambú.
  • Proceso creativo: no se me ocurre absolutamente nada. Tengo la cabeza en blanco.
  • Audiencia selecta: rating medido en números negativos.
  • Privilegio el arte por sobre la masividad: no me escucha/lee/mira ni el loro. En el momento que pueda pegar un éxito mando los “principios artísticos” al carajo.
  • Simpática: bagayo.
  • Bellezo exótica: bagayo difícil de describir.
  • Interesante: tiene el sex appeal de la Enciclopedia Británica.
  • No tenés código: yo tampoco pero vos me cagaste primero.
  • Con los mejores deseos: no tengo ni tiempo ni ganas de ponerme a pensar en un deseo personalizado para vos.
  • La pesada herencia recibida: Si todos los anteriores se afanaron hasta el agua de los floreros, no pienso mover un dedo para solucionarlo. Yo me metí en esto para sacar mi propia tajada, no voy a ser tan boludo de ser el “primer honesto”!!!
  • Sensación de inseguridad: mientras a mi no me toque, no pienso hacer nada. Igual yo tengo custodia. Este tema, también, es parte de “la pesada herencia recibida”.
  • Dicen que soy aburrido: parece que aún no se dieron cuenta que además soy un inútil.
  • Estamos condenados al éxito: no importa cuánto meta la mano en la lata, este país se la banca bien y pasado un tiempo, ni se van a acordar.
  • Síganme, que no los voy a defraudar: con la cara de garca que tengo, si sospechan que los voy a cagar estén seguros que no los voy a defraudar…

Y hay muchos más. Pero les dejo a ustedes la opción de completar la lista: es que me siento un poco hinchado y, como soy de naturaleza sedentaria, quiero darle espacio a mi proceso creativo e invitarlos a ustedes, mi selecta audiencia, a que colaboren en el armado de la lista.

Con los mejores deseos…

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Volvió una noche




Y no fue un tango. Volvió y nos reencontró con todos esos amigos que nos acompañan desde que el nos los presentó: Pedro Navaja (su alter ego?), Adan García, Ligia Elena, el padre Antonio, el monaguillo Andres , Pablo Pueblo y tantos otros. Pero lo principal fue que él, Ruben Blades, volvió a un escenario en Buenos Aires y los que estuvimos allí, volvimos a emocionarnos con sus canciones, sus narraciones y su histrionismo.
El recital fue como si el público participara de un reality show, donde el presentador, nos iba trayendo, de sorpresa y sin tiempo de reponerse entre uno y otro, viejos amigos que disparaban memorias y recuerdos de años transitados al son de sus historias. Porque cada canción es una historia, cada tema concentra (y merece ser) un libro que pinta realidades cotidianas, de las buenas y de las otras. Y cada personaje, a fuerza de cantarlos, es un amigo al que conocemos de años.
Todavía recuerdo su recital anterior en esta sureña capital, hace ya varios años: un teatro lleno y Ruben cantando esa musical, pegadiza y contundente denuncia contra la discriminación que es Ligia Elena a capella mientras todos manteníamos un silencio admirado. Silencio que duró sólo hasta el final de la canción, porque en ese momento estalló una ovación que resuena en mis oídos hasta hoy.
Pero lo más importante de este reencuentro fue el rescate  de temas que siguen vigentes y, lamentablemente, sin solución, expuestos de la manera directa y contundente que tiene Blades. Al escuchar “Desapariciones”, sentí que volvió a darle el lugar y la relevancia que tiene la memoria de los desaparecidos de todo el continente. Memoria tantas veces bastardeada por el uso y abuso de quienes deberían preservarla y terminan manchándola. O cuando habla de Pueblo, así con mayúscula, y se entiende un pueblo inclusivo, sin desgarros de rencor ni revanchismos, sin enarbolar banderas de demagogia panfletaria y demostrando, en lo personal, que existe una nueva política que puede cambiar las cosas... y encima para mejor!!
Puede un cantante sonar tanto mejor en vivo que grabado? Puede. Con una banda como es Seis del Solar, que no descuida ningún detalle, que se luce en cada interpretación y que da el marco perfecto para que otra vez el recuerdo de un recital con ellos perdure por mucho tiempo.
Pero no te confíes Ruben, el recuerdo perdura pero ya pasaron unos años y nos pusimos más quisquillosos: no creo que tengamos paciencia para esperar otra vez tanto tiempo. Volvé pronto.


martes, 17 de noviembre de 2009

Es culpa del público




Siempre que la cosa no funcionó, que un monólogo no gustó o que simplemente, sólo cosechamos unas sonrisas de compromiso, la culpa es del público. Rara vez se escucha una sincera autocrítica.
Nos cuesta, seamos realistas, aceptar una falla propia y es mucho mejor definir que la pelota quedó del campo contrario. Después de todo, el público es ese gran imponderable que esta fuera de nuestro control. Salvo que nos vaya bien, en cuyo caso nos arrogamos la  absoluta responsabilidad.
Por lo general las razones de esta falta de éxito (fracaso, jamás!) se adjudican a:

  1. El público estaba frío: claro, se olvidaron de encender la calefacción y esto llevó a que no respondan con la efusividad que el público hubiera deseado. Internamente se estaban desternillando de risa. Lástima que no lo pudieron expresar. Una simple cuestión climática.
  2. El presentador no los preparó bien: cómo se le ocurre? No era su función avisarles que deberían reírse si o si del material que vendría a continuación? Seguro que es pura envidia porque sabe que su monólogo no es tan bueno como el mío… que ambiente jodido, el de los comediantes.
  3. Era un público muy chato, muy superficial: y mi material era una tragedia griega con claros visos psicoanalíticos y profundas referencias a la literatura francesa del renacentismo? Si Platón la pegó con los Diálogos, por ué yo no la puedo pegar con los monólogos? Un poco de humildad, gente!!
  4. No se conectaron con el material: les habrá resultado difícil encontrar el enchufe. O la gracia …

Seamos sinceros: a veces (no se asusten, sólo digo “a veces”) es uno mismo el que no se conectó, el que estaba frío, el que no vino bien preparado y que no supo armar un material acorde al público que iba a tener. Y está bien que de vez en cuando eso nos pase. Es un golpe de realidad que, si lo sabemos capitalizar, podremos tener mejores presentaciones a futuro.
Y si no, seguiremos utilizando nuestra imaginación para elegir nuevas y diferentes excusas que hagan recaer la culpa sobre el público que es, en definitiva, el principal responsable de nuestras apariciones sobre un escenario. Ellos y nuestro no reconocido, jamás asumido y nunca bien ponderado egocentrismo…


viernes, 13 de noviembre de 2009

Abolición de la vergüenza.




La mayoría de nosotros no somos, en nuestra vida personal, muy vergonzosos. Pero existe la vergüenza socialmente inducida. Hay un punto esencial de este tipo de vergüenza que, a mi leal saber y entender debería ser parte del pasado.
No me refiero a perder las mínimas nociones de la vida en sociedad. Hablo de un punto específico: quién se sirve el último resabio de comida?
Llega un punto en cualquier reunión donde la comida sea protagonista, que queda lo que podríamos llamar “el refugio del guerrero”: la última empanada, la última milanesa, el último choricito  e  incluso el último pedazo de torta. Y aquí sobreviene la debacle: todos quieren hacerse de ese trofeo y nadie se permite comerlo. Pero todos miran…
Nadie tiene el coraje (la honestidad) suficiente para dar el primer paso y comer ese último reducto de la dignidad gastronómica.
A lo más que llegan algunos es a decir, mientras cortan a la mitad el trofeo en cuestión, “alguien comparte?” y siempre surge algún alma caritativa. Si, llegado el caso, alguien osara apropiarse del tesoro completo sin compartir, las miradas reprobatorias se multiplicarían y aunque a priori uno piensa que dicen “no te da vergüenza comer tanto?” la verdadera traducción es: “por qué te lo comés vos y no yo?”.
Boguemos, entonces, por la abolición de esta vergüenza inducida a fuerza de abalanzarnos sobre ese último espécimen comestible con una ostensible sonrisa de triunfo y, ante la primer crítica o mirada reprobatoria, expliquemos claramente que no lo hacemos movidos por la gula y el egoísmo, sino por un sano afán educativo: aprendan que si lo quieren lo comen y si no, se lo come otro.
Ahora si me disculpan, tengo que darles una charla educativa a mis hijos que miran con ojos de quiero y no puedo a la última facturita que queda en el plato. Menos mal que uno es un padre dedicado y comprometido con la educación de sus hijos, que si no…

viernes, 6 de noviembre de 2009

Aplicaciones prácticas




Empecemos por presentar, para los que no los conocen, los Premios Ig-Nobel. Son unos premios que conocí gracias al blog de un amigo (Riesgo y Recompensa, de Santiago Bilinkis). 
Es muy interesante: son premios que se otorgan a investigaciones que a primera vista (y algunas, a varias vistas posteriores también) parecen ridículas pero que, contando con la aplicación práctica correspondiente, pasarían de meras estupideces teóricas a genialidades del mundo real.
Tomando datos del blog mencionado (gracias Santiago!), les enumero algunos de los ganadores del premio en el 2009 y a continuación, mi humilde sugerencia para hacer que estas investigaciones redunden en claros beneficios para la vida diaria:




1.     Ignobel de la Paz: para un grupo de científicos suizos que determinaron experimentalmente si hace más daño pegarle en la cabeza a alguien con una botella de cerveza llena o vacía. Adicionalmente determinaron si es posible o no romper el cráneo de alguien de esta manera (aclaración: la vacía es mas firme, el gas de la botella llena hace que explote más rápido).
2.     Ignobel de Salud Pública: para una mujer que inventó un corpiño que, en una situación de emergencia, puede desmontarse y usarse como dos máscaras protectoras, tipo barbijo.
3.     Ignobel de Química: para un grupo de investigadores mexicanos que lograron producir diamantes a partir de una sustancia líquida… más precisamente, tequila! (yo creo que lo sorprendente no es lo que descubrieron sino que voluntariamente utilizado el tequila para la investigación y no para tomar).
4.     Ignobel de Veterinaria: para un grupo de británicos que demostró que producen más leche las vacas a las que se les pone nombre que aquellas que no lo tienen.
5.     Ignobel de Literatura: para la policía de tránsito de Irlanda, que realizaron más de 50 infracciones a un supuesto conductor polaco llamado Prawo Jazdy. “Prawo Jazdy” en polaco significa “Licencia de conducir”.
6.     Ignobel de Física: tres norteamericanos demostraron analíticamente por qué la espalda de las mujeres embarazadas no se dobla al medio con el peso del bebé ni tampoco pierden el equilibrio.
Ignobel de Biología: para científicos japoneses que demostraron que la cantidad de desechos producidos en la cocina de una casa pueden reducirse en 90% usando unas bacterias presentes en la caca de los pandas gigantes.



Y ahora, la aplicación práctica! 
Pensemos en una cita bien planificada:
  1.  Antes de salir, le manda de regaloa la Srta. elegida, el corpiño sanitario y le pide que lo use en la salida.
  2.  Al preparar su casa para la eventual visita de la dama y como probablemene no tuvo tiempo de limpiar la cocina, deje un panda gigante con suficiente comida (yo ya tengo mi pequeña plantación de bambú en el lavadero) y un par de frasquitos de Activia. Nada peor que arruinar todo por el tránsito lento (hermoso eufemismo!) del panda. De este modo, al llegar con ella, el 90% de los desechos ya no estarán. Antes de presentar reparos a este punto, le aclaro que si no está de acuerdo siempre puede limpiar solo, sin la ayuda de los pandas… OK, veo que nos entendemos.
  3. Van a un bar y Ud. pide una/s cerveza/s y una botella de tequila, aclarando que, por el momento, esta última bebida deberá permanecer cerrada.
  4.  Al rato empiece a balbucear incoherencias en algo que parezca polaco (utilice muchas consonantes fuertes y lleve al mínimo el uso de vocales), diciéndole que son poemas de amor licenciosos del conocido poeta conductista polaco Prawo Jazdy.
  5. Para la altura de haber terminado un par de cervezas intente besarla , si empieza con que hace poco que se conocen y el tema de la gripe A, dígale que se saque el corpiño y que, aunque sea, empiecen con los barbijos hasta que haya confianza o un pedo (borrachera) importante que amerite la quita de los barbijos.
  6. Es probable que lo mire raro. Aquí le puede explicar que no hay problema y que, de acuerdo con estos nobles físicos, si con un bebe la espalda no se dobla, menos con el peso de sus tetas que aunque exuberantes y llamativas (es importante el “cumplido”), no llegan al peso de un bebe…
  7. Si la cosa no pinta bien, tenga a mano las instrucciones de los mexicanos, y con rapidez, fabríquele un par de diamantes con el tequila y regáleselos  mientras tararea la melodía de “Diamonds are a girl´s best friend” a modo de mensaje subliminal. Por un lado para que sienta la tentación y por otro para que no le venga con lo de “si somos amigos! No arruinemos esta linda amistad”.
  8. A esta altura se presentan 2 opciones:
a.    Si acepta y se dirigen a una  noche de sexo salvaje: cuéntele el tema de las vaquitas y convénzala que, si funciona con las vacas cuánto mejor será su performance si ella decide ponerle nombre a su miembro y hablarle con cariño.
b.    Si ella no acepta: pártale la/s botella/s de cerveza y llévesela a la rastra. Si después de tanto esfuerzo romántico no aceptó un buen encuentro cuerpo a cuerpo, se lo merece!


Sea cual sea el final de la cita, lleve con Ud. el corpiño. Con la baranda que deben haber dejado los pandas, mejor tener un barbijo a mano...


miércoles, 4 de noviembre de 2009

Gracias…parciales!


Decí gracias que…; Menos mal, gracias a Dios!; Hay que decir gracias… y otras tantas frases que, lejos de referirse a una situación agradable o reconfortante por la que sentirse agradecido, se utilizan por lo general en una situación como la siguiente: este lunes por la mañana un “buen señor” entendió que lo mejor que podía hacer era asaltar a mi mujer frente a mis hijos (son 2 y muy chicos). 


Claro, es que ella se movía por lugares muy complicados, zonas difíciles y violentas: estaba en Villa Devoto. No contento con apuntarla con un arma, la amenazó con matar a los chicos si no le daba la plata y el celular. Sólo amenazó. Se contentó con llevarse lo que tan cordialmente había “solicitado”. En este punto habría que decir gracias.


Por suerte los chicos, aunque vieron y escucharon todo lo que ocurrió, se mantuvieron calmos, callados y sin hacer lío, tal como les enseñamos. Si, no leyeron mal. Hoy, parte de las cosas que uno le tiene que enseñar a un hijo es cómo comportarse en una situación de asalto. Por esto también habrá que decir “gracias”?


A la vista de cómo está la situación general de seguridad, la sacamos muy barata. Hasta cuándo? Yo ya pasé tantos asaltos que perdí la cuenta, en varios pensé que era el último y no porque vayan a dejar de robar. Pero que le pase a mi familia y pensando en lo que pudo pasar, es otra cosa mucho más difícil. Sigamos agradeciendo…



Hablando del tema mi mujer, pensando en las responsabilidades, recordó la canción de Lito Nebbia: “Quien quiera oír, que oiga”. Yo creo que esto excede el tema de la pura voluntad. A esta altura, esperamos que dejen de preocuparse por sostener una burda demagogia patotera o por ejercer una oposición crónica e ineficiente de simple denuncia y dedo acusador en alto. Que dejen de mantener estúpidas peleas partidistas o personalistas. Deberíamos reformular la canción como “Quien deba hacer, que haga”. Y, como esto no ocurre, siguen los agradecimientos.


Créanme que estoy tratando de mantenerme equilibrado en las palabras que elijo. Pero se hace difícil. Y eso que tengo a mi familia bien y conmigo, cosa que no siempre sucede. No soy partidario de la justicia por mano propia ni de salir armado a la calle. Pero cada vez son menos los que piensan como yo. Continúan las gracias.


Una tras otra y cada vez por situaciones peores, siguen las gracias. Las muchas que damos y las pocas que nos causa lo que vivimos. Pero lo peor es que las situaciones son cada vez más violentas y con menos respuestas efectivas de parte de quienes deberían arbitrar los medios para garantizar nuestra seguridad. Es que, los que siguen y se enquistan no son las gracias: son los GARCAS.