viernes, 11 de septiembre de 2009

Liberarnos de la tiranía


Ayúdenme a desentrañar algo que para mi es un misterio.

Tomemos a 2 personajes ficticios: Servilio y Comodio.

Servilio se preocupa de cuidar de Comodio.

Lo alimenta, lo cuida, limpia sus cosas, si lo ve mal lo lleva a que lo atiendan, se preocupa de darle todo lo que Comodio necesite.

Comodio desordenó algo? No hay problema, allí estará Servilio para volver a ordenar. Y no intenta reprenderlo. Comodio nunca tomará en cuenta los reclamos de Servilio.

Comodio se aburre? No desesperen, Servilio se encargará de que pueda jugar, pasear o recibir algún juguete nuevo que calme su aburrimiento.

Comodio rompió algo? No se preocupen, Servilio lo va a arreglar o reponer y, a lo sumo, se podrá enojar un poco sin hacer este enojo demasiado visible. No sea cosa que Comodio malinterprete sus acciones.

Comodio, si necesita un baño o una mejora en su aspecto físico, contará con el servicio incondicional de Servilio.

Hay más ejemplos de esta extraña relación pero con esto me alcanza para plantear mi duda: por lo que vimos queda claro que Servilio está al servicio de Comodio, no? También está claro que, quién manda, a quién se lo trata a cuerpo de rey y quien tiene todas las prerrogativas del dueño de casa es Comodio, verdad?

Entonces por qué, si yo soy quién actúa como Servilio y mi perro es Comodio dicen que el hombre es el amo y el perro su mascota?

No sé cómo será en su casa. En la mía, el amo es el perro. Llegué a pensar que, a través de los tiempos, los perros nos han hecho creer que nosotros mandamos, sólo para que no nos demos cuenta quién lleva realmente las riendas en esta relación. Incluso llegó a convencer a mi mujer que cagar en el living es menos grave que dejar una toalla tirada. O por lo menos eso es lo que aparenta, de acuerdo a las reacciones de ella ante ambos hechos.

Pongámosle fin a esta tiranía canina: a partir de mañana, hasta que el perro no me traiga el desayuno a la cama, me lleve al médico si me siento mal, ordene lo que queda tirado y limpie la casa, yo no muevo un dedo.


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