lunes, 6 de julio de 2009

Metamorfosis dietaria


Continuando mi post anterior, una vez que pasamos esta primera etapa del encuentro con la nutricionista, viene el período en que nos encontramos con el peor enemigo: la dieta en casa.
Y hay que convivir con ella! Es meter un extraño en la casa que te cambia la rutina diaria. Y no es que se meta con cosas banales. Se mete con lo más sagrado, lo más excelso, con la sublime conjunción entre la subsistencia y el placer: la comida.
La gordura está tan mal vista, tiene tan mala prensa que nos buscamos las excusas más inverosímiles para negarlo. A saber:
  • Es la ropa la que me engorda… (para estos casos recomendaría entonces comer otra cosa)
  • Mirando una foto: Noooo, yo no estoy así! Es la cámara que agrega 4 ó 5 kilos!! (si? Y con cuantas cámaras te sacaron esta foto?)
  • La mejor de todas es: Yo no estoy gordo, es que soy grandote… JA! Claro, y yo no soy tonto, es que tengo las neuronas de licencia…
De todos modos, en algún momento, nos ponemos las pilas y nos vamos “amigando” con la idea de la dieta. Sólo nos preguntamos en qué momento el choripan, las facturas y las tortas fritas que supieron ser nuestros grandes amigos, compañeros de tantos hermosos momentos, parte integral de nuestra idiosincrasia, de golpe fueron estigmatizados como el peor de los azotes.
Para poder llevar adelante esta enorme tarea, empezamos a leer los cartelitos de información nutricional que vienen en los alimentos, aunque no entendamos la mitad de lo que dicen. Qué son las grasas trans? Y el Omega 9? Eso es bueno o es malo? Tengo que comer los que tienen mucho o poco? Cuánto es mucho? Yo por las dudas me fijo sólo en el tema de las calorías. El problema es que a todo le marcan las calorías. Hace unos días, buscando, encontré un producto “0 calorías”. Estaba feliz! Finalmente algo para comer sin culpa! Lástima que era jabón para lavar la ropa…
Hay gente que lleva las cosas al extremo, comparar distintos tipos de papel higiénico me parece demasiado. Todos saben que el más calórico es el que tiene los cachorritos!
En algún momento nos metemos tanto en el tema de la dieta que parecemos misioneros llevando por el mundo el Verbo Divino. Qué raro, no? Porque yo hasta hace poco tiempo creía que el más divino de todos era el verbo “comer”.
Después de un tiempo, empezamos a aflojar con la dieta. Ya lo rígido empieza a torcerse y entramos en el período donde el nombre del juego es “negociemos con nosotros”. A qué me refiero? Supongamos que al medio día me toca comer una manzana, que ronda las 90 calorías. Pero como no le comí el cabito, le saqué la cáscara y escupí las semillas, me queda un crédito calórico… lo transfiero a la noche, me sacudo una milanga con fritas y listo!!
Imagino que no soy el único que se enfrenta a las delicias de la dieta. Con esto les pido que posteen sus comentarios acerca de las dietas. Los libero de encanarse y pueden empezar el comentario con “A un amigo mío…”
Mis estimados, ajustad vuestros cinturones gástricos, blanded cual brillantes espadas los bastoncitos de apio y zanahoria, alejad al calórico enemigo y escudados tras una insulsa galleta de arroz gritad: Hasta la achicoria siempre!!

2 comentarios:

  1. sos un capo! De casualidad mi hermana te encontro y me lo hizo leer, hago lo mismo de tranferir el credito calorico pero lo elevo a la enesima potencia, jajajjaja, besotes!!!

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  2. Gracias!
    Humildemente, al servicio de quienes quieran encontrar el justificativo que corresponde a la loable actividad de disfrutar de la comida.
    Saludos!!!

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