martes, 28 de julio de 2009

Dónde quedaron los postres?


Yo no quiero ponerme en vejete melancólico, pero resulta que me pierdo en la carta de postres. No entiendo muy bien que corno son los “Suaves volcanes de dulce de leche” o la tentadora “Pasión calórica”. Ni que hablar de las “Sorpresas del bosque” o la “Muerte por chocolate”, que mas que apetito me provocan un cierto grado de preocupación...


No me jode tanto la adjetivación de los platos salados (“tiernos mugidos apanados y cocidos en prensada vegetal” por milanesas, para citar un ejemplo). Pero cuando llegamos a los postres la cosa es distinta.
Más radical.


No es que hayan modificado sus nombres. Ni siquiera que le agreguen calificativos que te hagan dudar si es comestible. Es simplemente que me los cambiaron. Mandaron al destierro los mejores recuerdos de nuestras salidas restauranteras familiares de la infancia.


El único que mas o menos viene zafando de la desaparición, mientras se aferra a los últimos renglones del menú, es el flan y, en algún tugurio muy under, el budín de pan. Pero esto es sólo por su carácter de postre argento irremplazable. 


Dónde quedaron la tarantella, la sopa inglesa, el queso y dulce o el eterno zapallo en almíbar? Y aquellos reservados para los grandes: el Don Pedro y el Cola de Mono? Ya ni siquiera me da para largar un lagrimón mientras me embarga la emoción de recordarlos.


Pido por la reivindicación de estos eternos postres. Que se largue la onda retro también para ir a comer. Que el menú te lo recite el mozo de memoria, diciéndote además, como viene cada plato. Que las porciones sean abundantes y que lo importante sea el contenido del plato y no su decoración. Pero, sobre todo, que los postres sean los que conocimos siempre y que en caso de querer modernizarse, que el nombre no se los ponga algún poeta frustrado.


Y ahora los dejo porque le tengo que entrar a un “flan casero misssssto” como el de la fotito… pero sólo por una cuestión emotiva, claro.

miércoles, 22 de julio de 2009

Reivindicación de la puteada


No putees! (Por qué?)

Es de mala educación! (Y? Sacarse un moco también y esta lleno de gente que lo hace en cada semáforo)

Qué ejemplo les das a tus hijos? (Que es mejor no quedarse con la bronca encima)

Te ponés nervioso al pedo! (Mentiiiiiiiira! )

No te das cuenta que te altera mas? (No. Por lo que pude notar, no)

Basta de tanta hipocresía. Me encanta putear cuando algo me enoja. No sólo que me encanta sino que me relaja muchísimo.

Por suerte el idioma español nos da un sinnúmero de alternativas para poder descargar esas tensiones internas que tanto mal nos hacen.

Más allá de la palabra específica, hay un montón de ayudas, apalancamientos y refuerzos idiomáticos que hacen que la mera puteada original pase a ser sólo una leve caricia verbal. Me refiero, claramente a “re”, “recontramil”, “la recalcada” y otras delicias sin demasiada base literaria pero que generan una riqueza idiomática difícil de igualar.

Tuve, por suerte, la opción de intentar putear en otros idiomas y créanme que ninguno de los que pude probar me dio siquiera una mínima parte de la satisfacción que la argentinísima puteada. Cuánta riqueza! Cuánta libertad de creación! Es, podríamos decir, un área abierta a la franca creatividad del usuario.

Una de las mayores críticas a esta “verboterapia extrema” es en el momento del manejo. Es el espacio reservado al típico reclamo familiar. Por qué? No se dan cuenta que, en el momento de rajar una puteada, nos liberamos de toda esa tensión que teníamos? Que automáticamente se nos pasan las ganas de cagar a patadas al que se nos acaba de cruzar a milímetros de hacernos pelota?

Cuando estamos trabados en uno de esos embotellamientos interminable, no es acaso la puteada la que permite liberar la energía negativa contenida? Y cuando, finalmente, notamos que ese embotellamiento era por esa caterva de pelotudos que pasaban a 10km/h para ver si en ese choque veían sangre, no les nace, casi naturalmente, el completo catálogo de improperios reales, imaginados o recién inventados, para entregarlos como saludo fraterno a todos ellos? Una especie de “Para vos, de mi con todo mi yo” pero un poco mas efusivo…

No nos contengamos más. Salgamos a la calle sabiendo que, en el momento indicado, la puteada liberadora saldrá a la luz y nos hará libres.
Y al que se oponga lo mandan a ……………………………………………………………
……………………………………………………………………………………… (el autor gentilmente cede este espacio para dar rienda suelta a la creatividad del lector).

domingo, 19 de julio de 2009

18J - 15 años después


En este post decidí dejar de lado el humor. Ayer se cumplieron 15 años del atentado terrorista a la sede de la AMIA.

Aquel 18J, para cada uno de nosotros, tiene un recuerdo especial y muy personal. Qué hacíamos en ese momento? Dónde estábamos? A quién buscábamos durante esas primeras horas? No importa cuantos años pasen. Todas estas preguntas tienen para nosotros respuestas claras.

Muchos hablan de reconstruir la Memoria. No lo necesitamos. Mal se puede reconstruir lo que no se destruyó. La Memoria, a todos aquellos que aún nos sentimos golpeados por ese atentado, nunca dejó ni dejará de acompañarnos.

Es la justicia la que necesita ser reconstruida. La que debería comenzar a hacer honor a su nombre y dar muestras de una intención real de acercarse a la verdad y condenar a los culpables.

Sin eufemismos, sin medias tintas, sin posiciones políticamente correctas: todos los involucrados son asesinos. Una inmunda caterva de asesinos que planificaron, ejecutaron, colaboraron y, por estúpida convicción o por un puñado de dólares, hicieron lo que hicieron. No nos confundamos con los discursos de funcionarios (o funcionales?) que intentan enredarnos en laberintos discursivos para esconder y disfrazar a estos grupos de asesinos como simples “entidades de ayuda social”. Ya estamos grandes para semejante infantilismo político.

Lo que nos es común a todos los que estamos comprometidos con la verdad, es la necesidad de saber realmente qué pasó, quién lo hizo, dónde están los culpables y cuándo serán juzgados...

Hasta ese día, continuaremos nuestro camino manteniendo la Memoria y exigiendo justicia.

martes, 14 de julio de 2009

Madre, hay una sola?


Es una de las frases más comunes de la historia. Pero tan falsa…

Una visión realista y actual nos lleva a replantear este axioma tan poco fiable.

Veamos algunos ejemplos: la madre cariñosa que nos acuna, nos cuida y nos enseña nuestros primeros pasos, es la misma que insiste en ser parte de todo lo que hacemos apenas asomamos a la adolescencia? Y la que se preocupa cuando somos niños en ver cómo estamos, es la misma que no entiende que ya salimos de la adolescencia y que no hace falta que se inmiscuya en cada pequeño detalle de nuestra vida?

Un llamado de nuestra madre para charlar y ver si necesitamos algo, es reconfortante. Cuando la frecuencia y duración de estos llamados crece de manera exponencial y pone en peligro nuestra comunicación con el resto del mundo (che, en tu casa da todo el tiempo ocupado!!), nos cambia la perspectiva.

Conste que no digo esto de puro desagradecido. Sé que durante 9 meses ella me albergó en su vientre. Pero que manera de cobrar alquiler!!!!

Yo hablo desde la posición nada sencilla de ser el hijo de una Idishe Mame. Pero no cualquiera. Mi idishe mame es un referente a nivel mundial. En mi madre se inspiraron casi todas las historias acerca de esa tipología materna. Incluso las que se escribieron antes de su nacimiento: eran sólo profecías premonitorias que auguraban su llegada. Algo así como el anuncio del “Mamecalipsis”. Cada vez que veo un libro de humor judío con tema central la Idishe Mame me parece estar viendo la biografía no autorizada de mi madre.

Los comentarios de una idishe mame son como los discos de Xuxa: es importante escucharlos también de atrás para adelante porque, seguramente, traen un mensaje oculto. Y generalmente no es muy amistoso… sobre todo si se refieren a su nuera.

Y esto merece un capítulo aparte. En mi caso debo decir que quiero mucho a mi madre. La que me cae bastante mal y me preocupa por sus actitudes es la suegra de mi mujer. Ya desde que el status era de “futura suegra” hizo méritos para recibir la Escoba Voladora de Oro. Y lejos de contentarse con este galardón, continuó dando muestras de su capacidad, complejidad y puntería.

Que nuestra madre conozca a su posible/probable futura nuera puede ser un paso importante. Pero generalmente termina siendo un paso hacia el vacío. Especialmente cuando vemos el colmillo de nuestra progenitora crecer de manera instantánea al observar la yugular de su “enemiga declarada”. Declarada unilateralmente, claro. Este es el momento de decidir que el contacto entre ellas debe reducirse al mínimo necesario, algo así como 1 vez cada 10 años y esto sólo en casos de fuerza mayor.

Se positivamente que no estoy solo en esto. Sobre todo se que muchos de quienes leen estas líneas tienen experiencias similares. Espero que se armen de coraje y las vuelquen en este blog.

Si quieren postear algo y da ocupado… ya saben.

lunes, 6 de julio de 2009

Metamorfosis dietaria


Continuando mi post anterior, una vez que pasamos esta primera etapa del encuentro con la nutricionista, viene el período en que nos encontramos con el peor enemigo: la dieta en casa.
Y hay que convivir con ella! Es meter un extraño en la casa que te cambia la rutina diaria. Y no es que se meta con cosas banales. Se mete con lo más sagrado, lo más excelso, con la sublime conjunción entre la subsistencia y el placer: la comida.
La gordura está tan mal vista, tiene tan mala prensa que nos buscamos las excusas más inverosímiles para negarlo. A saber:
  • Es la ropa la que me engorda… (para estos casos recomendaría entonces comer otra cosa)
  • Mirando una foto: Noooo, yo no estoy así! Es la cámara que agrega 4 ó 5 kilos!! (si? Y con cuantas cámaras te sacaron esta foto?)
  • La mejor de todas es: Yo no estoy gordo, es que soy grandote… JA! Claro, y yo no soy tonto, es que tengo las neuronas de licencia…
De todos modos, en algún momento, nos ponemos las pilas y nos vamos “amigando” con la idea de la dieta. Sólo nos preguntamos en qué momento el choripan, las facturas y las tortas fritas que supieron ser nuestros grandes amigos, compañeros de tantos hermosos momentos, parte integral de nuestra idiosincrasia, de golpe fueron estigmatizados como el peor de los azotes.
Para poder llevar adelante esta enorme tarea, empezamos a leer los cartelitos de información nutricional que vienen en los alimentos, aunque no entendamos la mitad de lo que dicen. Qué son las grasas trans? Y el Omega 9? Eso es bueno o es malo? Tengo que comer los que tienen mucho o poco? Cuánto es mucho? Yo por las dudas me fijo sólo en el tema de las calorías. El problema es que a todo le marcan las calorías. Hace unos días, buscando, encontré un producto “0 calorías”. Estaba feliz! Finalmente algo para comer sin culpa! Lástima que era jabón para lavar la ropa…
Hay gente que lleva las cosas al extremo, comparar distintos tipos de papel higiénico me parece demasiado. Todos saben que el más calórico es el que tiene los cachorritos!
En algún momento nos metemos tanto en el tema de la dieta que parecemos misioneros llevando por el mundo el Verbo Divino. Qué raro, no? Porque yo hasta hace poco tiempo creía que el más divino de todos era el verbo “comer”.
Después de un tiempo, empezamos a aflojar con la dieta. Ya lo rígido empieza a torcerse y entramos en el período donde el nombre del juego es “negociemos con nosotros”. A qué me refiero? Supongamos que al medio día me toca comer una manzana, que ronda las 90 calorías. Pero como no le comí el cabito, le saqué la cáscara y escupí las semillas, me queda un crédito calórico… lo transfiero a la noche, me sacudo una milanga con fritas y listo!!
Imagino que no soy el único que se enfrenta a las delicias de la dieta. Con esto les pido que posteen sus comentarios acerca de las dietas. Los libero de encanarse y pueden empezar el comentario con “A un amigo mío…”
Mis estimados, ajustad vuestros cinturones gástricos, blanded cual brillantes espadas los bastoncitos de apio y zanahoria, alejad al calórico enemigo y escudados tras una insulsa galleta de arroz gritad: Hasta la achicoria siempre!!

jueves, 2 de julio de 2009

Vade retro nutricionistas!!


Aquellos que ya escucharon alguna vez mi monólogo, reconocerán parte del texto. Sepan disculpar las repeticiones. No todos son tan afortunados… (ver post anterior)
Los que me conocen saben que, aunque parezca sorprendente, de vez en cuando hago dieta. Lo que pasa es que dentro de mi esbelto y hercúleo cuerpo hay un alma de gordo que pugna por salir… y la muy jodida sale siempre a la hora de comer!
Es lo que nos pasa a los que “somos sanitos”, hermoso eufemismo de las abuelas para referirse a los que nos sobran unos rollos. Nosotros sabemos que, en algún momento (más temprano que tarde, sin reposo…) nuestra media toronja apuntará su mirada inquisidora a nuestra humilde persona y dirá la consabida frase que abre la puerta de los infiernos: “Cuando pensás empezar la dieta vos?”. Frase cargada de intencionalidad negativa. Como si uno no fuera a comenzarla por voluntad propia!
La primera respuesta que nos surgiría es “Nunca” pero sabemos que eso alterará el delicado equilibrio hogareño. Ese delicado, intenso y frágil equilibrio que se basa en que ella tenga razón. Por eso, con una súbita alteración de rumbo, decimos “Uno de estos días”. Minutos después, ella te entrega un papelito con fecha y hora. Para evitarte la molestia, ella ya eligió nutricionista, pidió el turno y te lo anotó para que no te olvides… Que servicio! Que dedicación! Que eficiencia! Que cagada…
Y el día llega. Uno, carga su humanidad a cuestas y se apersona en el consultorio de esta representante del sadismo actual.
Por qué las llaman nutricionistas? Las muy turras se pasan unos años estudiando la manera de sacarte la comida… que tiene eso que ver con la nutrición?
Volvamos a este primer encuentro: no terminaste de entrar y con su mejor voz de maestra jardinera (tema que dará para un nuevo post de este blog), nos pregunta “A ver, qué nos anda pasando?” Y, veamos, dada mi altura, contextura y peso… creo que “anorexia” no sería una respuesta correcta, no?
Ahí nomás y para que no te vayas ilusionando, te saca una resma y un papelito tamaño post-it. Señalando la resma te dice, sin que se le mueva un pelo, “Estos son los alimentos que no podemos comer” y señalando el mísero papelito que flamea en su otra mano agrega “Y estos son los que sí podemos”. Ya empezamos mal. Para dar el golpe de gracia te da el menú de la semana y te despacha, no sin antes recordarte que la semana siguiente tenés que volver a pesarte.
Vos, que intentás mantener un mínimo de conducta social aceptable, no mirás la dieta hasta llegar a tu casa. Ahí ves que en el almuerzo te toca “Mirar la foto de un churrasco y lamer la hoja de un repollo”. Díganme, es justo? Hace falta tamaña falta de respeto?
Lo cierto es que ya los primeros días la gente te ve más delgado. No es cierto. Es la cara de culo que tenés que hace que te veas mas estiradito.
Esto es sólo el comienzo. Más adelante les comentaré otras delicias de las dietas.
Ahora los dejo porque me voy a disfrutar de una deliciosa gelatina…1